Carpe diem

barqueiroYa respira con más sosiego. Ha abandonado las paredes blancas del enorme edificio en busca de un aire más limpio. Una nueva sensación se apodera de él. Se siente más libre. Se eleva sobre los tejados de la ciudad para sumergirse en esa luz que tanto gusta a los que aman el sol.

Era un hombre tranquilo de facciones rígidas con una gran melena heavy que no pasaba desapercibida. Una infancia y adolescencia de pijo. Un tiempo marcado por el Parrots, su faceta de músico y algunos trabajos esporádicos. Una vida pausada en pareja, al lado de Teresa, que le enseñó a disfrutar de los placeres de lo doméstico, de la calidez de un amor de años, que lo cuidó hasta el último momento.

En el trato era un poco especial. De entrada mostraba unas distancias que le hacía parecer una persona estirada. Necesitaba un tiempo para ambientarse. Poco a poco esta distancia se iba diluyendo en una cercanía que lo hacía más próximo, más fácil de querer.

Kako no conocía la risa, no sabía reírse, lo suyo era la carcajada. Debajo de ese expresión seria había una persona alegre que sólo necesitaba de un ambiente distendido y amigable para reírse a mandíbula batiente. Teresa le hacía reír.

Todo lo que hacía era acompañado por un ceremonial que daba a sus actos un carácter único. Esto lo convertía en un persona muy meticulosa y lenta. La vida cotidiana con su exigencia le estresaba, tenía que poner mucho interés para realizar las obligaciones diarias.

Tal vez, para compensar este carácter reposado, le encantaba la velocidad, la adrenalina que obtenía deslizándose por la nieve o rodando por el asfalto. Para unos era un experto conductor, para otros un temerario. La nieve también fue testigo de ese esquiador arriesgado que se lanzaba a tumba abierta por pistas negras.

Vivió una vida organizada en torno a una agenda llena de actividades con las que gozaba: esquí en Cerler, el Pirineo francés o los Alpes, vacaciones de verano en su querida Galicia, playa en el Delta del Ebro. Vivió muy bien, no sólo hizo lo que quiso sino que además disfrutó de ello.

El mar Cantábrico, las rías altas, San Fiz y Barqueiro, Gondomar y los amigos “galegos” se convirtieron en un destino obligado para el verano. Excursiones de mañana y cañas al atardecer llenaron aquellos días. La noche se acompañaba con cenas de fiesta, largas conversaciones y porros que se fundían en un espeso humo de sueño.

Me impresiona la última versión de Kako, cuando ya estaba enfermo. Ante la adversidad una persona valiente y serena, con ganas de disfrutar y de agradar. Con menos miedos, más receptivo y cariñoso, se dejaba abrazar.

Una melena heavy, un fotogénico que tocaba la guitarra nos ha abandonado discretamente. Vamos a llorar su ausencia y vamos a brindar con cañas, porros y música por un colega, por un amigo que, acompañado por Teresa y Pulguitas, supo disfrutar de la vida.