Archivo de la categoría: Experiencias

Visiones personales de experiencias: excursiones, bares, personas, libros, cine, … Todo aquello que hace más grata nuestra existencia.

Sierra de Lokiz desde Ganuza


sierra de lokiz ganuzaEn el pueblo

Era un día esperado, el viernes por la tarde llegamos al pueblo, todo estaba preparado para la excursión sierra de Lokiz desde Ganuza. Nos acompañaría Adame, una persona muy especial conocedor de la sierra y amante de la naturaleza, él ejercería las funciones de guía.

El sábado a la hora anunciada llegó nuestro guía, estaba deseando verlo de nuevo. El año pasado se alojó en la casa rural, estuvo una semana recorriendo y fotografíando la Sierra de Lokiz y Urbasa, era un gran aficionado a la montaña. Hicimos buenas migas, las largas conversaciones que mantuve con él me inspiraron para comprometerme más con la naturaleza y Ganuza.

Salimos a las nueve, queríamos volver con tiempo suficiente para tomar el vermú y preparar la comida. Después de un desayuno más copioso de lo normal iniciamos la salida. Lo primero que nos pidió Adame es que estuviésemos atentos, preparados para sentir cómo respira la sierra, no quería una excursión atolondrada para quemar calorías.

Los robles de San Pablo

La primera parada la hicimos en los robles de San Pablo, en verano, a la sombra de estos vetustos robles, nuestros paisanos en multitud de ocasiones han venido a guarecerse a su sombra, era uno de los paseos habituales antes de retirarse a cenar.

 

Sierra de lokiz peña rajadaLa peña rajada

Poco después llegamos a la peña Rajada, un gran bloque de piedra desgajado de las peñas, con leyenda propia(1) y también testigo mudo del devenir de los tiempos. En la primera mitad del siglo pasado, dicen que al atardecer las parejas de aldeanos se desplazaban hasta la peña rajada para contemplar el pueblo y discernir el color del futuro.

(1) «Hace muchos siglos estaba Santiago con sus huestes a caballo rodeado de Moros y a punto de ser vencido, cuando sacó su espada y de un sólo golpe partió la Piedra en dos, dejando un paso de caballo por el que Santiago y los suyos pudieron huir y posteriormente vencer a sus enemigos.» Fuente: rutasnavarra.com

Barranco de Zologorri

Por fin iniciamos el tramo más duro de la pendiente, los sentidos quedaron apagados por una respiración entrecortada y una sudoración copiosa, lo único que se oía era el latir acelerado de corazones poco entrenados. Todas las energías estaban puestas en subir la pendiente.

Muy cerca del Puerto Nuevo Adame nos mandó parar y pidió silencio. Se alejó un trecho pendiente arriba y se perdió en la espesura de los bojarrales. Al cabo de cinco minutos regresó, nos comentó que media docena de jabalíes se habían estabulado al lado de la peñas manteniéndose al abrigo de un roquedal. Koldo les había comunicado que estaban dando una batida para darles caza, no quería asustarlos, en Sardegi los cazadores los esperaban al acecho para tirotearlos.

hermita de santiago de lokiz

Sierra de lokiz puerto nuevo

Puerto Nuevo

Optamos por no ir al agujero de San Prudencio y dar un pequeño rodeo para no asustar a los atemorizados animales. Empezamos ascendiendo el puerto nuevo con mucho cuidado, uno de los tramos se derrumbó hace unos años haciendo la subida un poco peligrosa.

Una vez superado el tramo del puerto nuevo, aquellos que no teníamos vértigo, nos asomamos a Echaperros, un abismo al que empujaban los canes cuando ya no les eran útiles. Desde esta peña hay una hermosa panorámica del barranco de Zologorri y Montejurra.

 

 

Sierra de lokiz desde Ganuza sala de los pastoresSala de los pastores

Seguimos subiendo entre las peñas hasta llegar a la Sala de los Pastores. Justo al lado está la cueva de Andueza, un buen lugar para guarecerse de las fuertes tormentas que a veces azotan lokiz. Aún seguimos un pequeño tramo por el barranco de Zologorri hasta desviarnos por una senda que nos llevaría a la explanada de la Ermita Santiago.

Sierra de lokiz ermita de santiago lokizErmita de Santiago de Lokiz

Ya en la explanada notamos cierta solemnidad, casi resuenan las voces de las personas que asistían todos los años a homenajear al patrón. No había dantzaris ni trikitixa, a pesar de ello un aire festivo lo impregnaba todo.

Descansamos un momento para disfrutar de la quietud de la ermita y del agua del algibe. Nuestro guía nos cuenta que la ermita sirvió como lugar de retiro y reflexión, fue una práctica que se perdió en torno a los años 60, el último eremita fue un pastor al que apodaban el Pipas, pasó tres meses durante un duro invierno para expiar algún pecado que había cometido.

hermita de santiago de lokizSardegi

De nuevo nos pusimos en marcha, abandonamos la campa y nos dirigimos por una estrecha senda hacia Sardegi. Aún no sabíamos si podríamos bajar por ahí, los cazadores seguían al acecho. Antes de meternos en la frondosidad de los robles Adame nos mostró la senda de un perretxical, nos indicó cómo seguir el rastro discerniendo la tonalidad de la hierba, no cogimos ninguno, preferimos dejar los perretxicos para otros.

Seguimos andando hasta llegar al borde de la planicie, bajamos un breve tramo hasta situarnos en una peña muy especial desde la que divisar la panorámica más bella de la Sierra de Lokiz. Después de realizar algunas fotografías seguimos descendiendo a través de la peña hasta llegar a una trocha que nos llevaría, descendiendo por la ladera de la montaña, hasta el pueblo.

Sierra de lokiz desde Ganuza SardegiCazadores

Al inicio del descenso nos topamos con los cazadores, estaban al acecho, tensos ante la espera de los jabalíes, incómodos ante nuestra inoportuna llegada. Repentinamente una densa bruma cubrió la sierra, apenas se veía a cinco metros, la niebla hacía imposible la caza y dificultaba la bajada. Los cazadores dieron por finalizada la batida e iniciaron el descenso, nosotros lo hicimos un poco después, queríamos guardar una distancia prudente con las escopetas.

Cuando llegamos a los nogales, ya en el pueblo, la niebla se levantó, se fue tan rápidamente como había llegado. Algún cazador no pudo reprimir soltar una retahíla de tacos. Subieron a los coches con sus perros y salieron del pueblo. Nosotros nos dirigimos a casa, a tomar una cerveza y preparar la comida.

Despedida

En la plaza me despedía de Adame, a pesar de la insistencia no quiso quedarse a comer. Después de un abrazo largo subió al coche, lo seguí con la mirada hasta que se perdió de vista, un aire de tristeza se apoderó de mí, no sé cuándo lo volvería a ver.


Sierra de lokiz rutasUna visión esquemática de la subida a la sierra de Lokiz por el Puerto nuevo.

 

Por la sierra de Albarracín

sierra de albarracín, barranco de la hozEstábamos muy ilusionados, nos habían invitado a Santa Eulalia a pasar el fin de semana, hacía mucho tiempo que no salíamos acompañados. A las siete y media de la tarde de un viernes que amenazaba lluvia, iniciamos el viaje desde la Avenida Valencia.

El recorrido fue tranquilo y parlanchín, a la llegada nos esperaba un recibimiento dulce de sonrisas, besos y abrazos. Rápidamente nos organizamos para acudir al Jiloca en busca de una cerveza tostada bien tirada, la barra aumentó el placer de la compañía. Después de varias cañas y mucha conversación acudimos a cenar a casa, una ensaladilla hecha con cariño y una perdiz escabechada con maestría saciaron nuestro apetito. A las dos de la madrugada nos retiramos a nuestros aposentos, al día siguiente, si la lluvia no lo impedía, haríamos una excursión por el Barranco de la Hoz.

Después de un buen desayuno y equipados con chubasqueros, salimos hacia Calomarde. En pocos kilómetros pasamos de los 1.000 a los 1.500 metros de altitud, el verde se hizo más intenso y los bosques de pinos coparon un horizonte plagado de nubes de evolución que presagiaban tormenta. Hicimos una parada en Bronchales para saludar a unos amigos y comprar una maza de jamón.

Ya en Calomarde aparcamos los coches e iniciamos la excursión. Junto con otros senderistas nos fuimos adentrando en el barranco, un camino amplio acotado por formaciones rocosas nos fue acompañando en la leve ascensión, a pesar de la amenaza constante, la lluvia no hacía acto de presencia. Algunas fotografías y una parada técnica para echar un bocado nos retrasaron.

Estábamos atravesando un tramo estrecho y sinuoso de pasarelas metálicas, cuando empezó a llover con intensidad. La suerte nos había vuelto la espalda. El anfitrión nos indicó que volviéramos sobre nuestros pasos. Iniciamos la vuelta corriendo sobre unas pasarelas muy ruidosas y un suelo resbaladizo que propició más de un trompazo.

A los cinco minutos estábamos calados, los chubasqueros ya no servían para nada ante semejante aguacero. El nivel del agua del río estaba subiendo rápidamente, nos asustamos. No hizo falta ninguna explicación para concienciarnos del peligro. ¡Deprisa! Alguien gritó intentando organizar una retirada caótica. Por fin conseguimos ganar altura y abandonar la cuenca del río. Nos protegimos debajo de una gran roca y ahí nos quedamos, aguantando el chapuzón y temblando ante la fuerza de la naturaleza.

Pasada media hora decidimos que lo mejor era ganar más altura y salir del barranco, aunque el nivel del río no había subido mucho, era probable que en alguno de los tramos el agua hiciera imposible el paso. Una vez arriba no fue difícil situarse y tomar la dirección hacia Calomarde. Ya en el pueblo nos tomamos un café, llamamos al restaurante de Frias de Albarracín para cancelar la reserva y nos dirigimos a Santa Eulalia, estábamos calados, sólo queríamos llegar a casa y cambiarnos.

En una hora y cuarto llegamos a casa. Después de una ducha rápida, nos acodamos en la barra del Jiloca. Creo que nunca había visto beber tan deprisa, aún teníamos el miedo metido en el cuerpo, durante varios minutos nos sentimos en peligro, expuestos a la impetuosa fuerza de la tormenta. Después de las cervezas, la comida y los cubatas llegamos a casa un poco tocados, el miedo había desaparecido de nuestra mirada.

sierra de albarracín, castillo peracenseUn licor casero, destilado con amor, sirvió de colofón a un día intenso. Caímos en un sopor raro ajeno al alcohol. Un susurro extraño fue lo último que oí, salvad el motonabo.

Al día siguiente, con un punto de resaca, nos preparamos para ir al Castillo de Peracense. Ya lo habíamos visto, pero nuevas reconstrucciones y una colección de máquinas de guerra aumentaron el interés de la visita. Sin querer nos trasladamos ocho siglos atrás, a un mundo duro, donde la leva era masacrada por los artilugios que adornaban el interior del recinto amurallado.

De nuevo la lluvia, esta vez muy suave, nos invitó a finalizar la visita y volver al pueblo. Un arroz al horno y una siesta pusieron el broche al fin de semana. A las seis de la tarde salíamos para Zaragoza escoltados por una tormenta y un silencio de cansancio y pena.

© Fotografías José Luis Marín

La cueva de San Prudencio, una mirada al pasado

cueva de san prudencio

En el pilar central, en la mitad del mismo, se encuentra la cueva de San Prudencio, a cuarenta metros de altura.

Hemos quedado en Ganuza con Luis, Ana y Verónica, vienen de Logroño. Un día vieron el vídeo La Cueva más salvaje de Navarra, de paseoscortosyvinosblancos.com, y pensaron que no podían perderse esta excursión. Llegan alrededor de las once. Koldo será nuestro guía, nos conducirá hasta la cueva de San Prudencio.

 

 

La jornada es calurosa, en Ganuza dan una máxima de 32 grados, no es el día más apropiado para subir a la Sierra pero no podemos desaprovechar la ocasión. Iniciamos la excursión en la plaza del pueblo, Pili decide que no sube, que no está en forma. Al final conformamos la cuadrilla los riojanos, Koldo, Adi, Niebla y yo.

En el tramo posterior a los robles de San Pablo, Ana decide volver al pueblo, demasiada pendiente y calor para ella. Por teléfono, le pedimos a Pili que la espere en los Nogales. Seguimos Adelante, pasamos al lado de la Peña Rajada y volvemos a contar lo que tantas veces hemos relatado (1).

Zologorri

Barranco de Zologorri. A la derecha, el Puerto Nuevo.

La ascensión desde Ganuza hasta las peñas discurre por el barranco de Zologorri. Koldo nos cuenta como hace un año unas precipitaciones excepcionales dieron lugar a una cascada en las peñas, el torrente de agua creó una grieta de dos metros de profundidad a lo largo de todo el barranco, una pala de pequeño tamaño la rellenó. Ni los más viejos habían visto nunca un fenómeno así.

 

peñas de lokiz

Durante quince minutos caminamos pegados a las peñas.

La subida es exigente, con un desnivel pronunciado y mucho sol, pero breve. En veinte minutos ya estamos debajo de las peñas, en el cruce de direcciones que nos va a llevar a la cueva. A partir de ahora una senda, a veces indefinida, que recorre la base de las peñas nos llevará hasta la Cueva de San Prudencio. Este tramo, a pesar de su sinuosidad, es agradable y hermoso.

 

entrada cueva san prudencio

Koldo llevaba cuerdas por si el miedo me impedía subir.

Llegamos al pilar rocoso donde se ubica la cueva. La huella de la senda nos indica por dónde debemos subir a la entrada. Lo hacemos con mucho cuidado. Yo creo que puede subir todo el mundo, los más miedosos, Niebla y yo, subimos sin problemas animados por nuestro guía.

 

 

La panorámica que contemplamos desde la cueva.

Una vez dentro encendemos las linternas de nuestros móviles, gateamos un poco, nos damos algún que otro leve «coscorrón» contra el techo y ya estamos en ese balcón privilegiado que es San Prudencio. Koldo nos comenta que estamos a unos cuarenta metros de altura. Contemplamos la belleza de la panorámica, hacemos unas fotografías y volvemos a salir.

 

El recorrido por debajo de las peñas me traslada a unos tiempos de caminos desdibujados por la acción del agua y la vegetación, de una naturaleza abrupta impermeable a la presencia del hombre, de soledades acompañadas de roca y verde. Imagino muy difícil la vida de mis antepasados cuidando el ganado en la sierra.

Fotografía realizada desde la Sala de los Pastores.

Como el paseo se ha hecho corto, decidimos volver al cruce que dejamos atrás, debajo del Puerto Nuevo, para tomar la vereda que nos llevará a la ermita de Santiago. En quince minutos ya estamos otra vez en el cruce. Nos introducimos entre las peñas a través de los accesos del puerto.

Nos detenemos un momento en la Cueva de Andueza y la Sala de los Pastores. Desde aquí las vistas son muy bonitas, estamos en el interior de las peñas. En este lugar siempre he sentido algo muy especial, como si estuviera contemplando el secreto del nacimiento de la Sierra de Lokiz

Seguimos por una senda que discurre entre bojes. Este tramo, a pesar de no tener ninguna dificultad, ha sido para mí un poco penoso, la cabeza del grupo la ha tomado Verónica, muy joven, y ha impuesto un ritmo demasiado elevado para mi condición física.

En quince o veinte minutos llegamos a la explanada de la ermita. Descansamos un poco, bebemos agua e iniciamos de nuevo la marcha. Un cartel nos señala una bifurcación, a la Izquierda Sardegui, a la Derecha el Agujero de Ollobarren.

Vamos a bajar por Sardegui. Una estrecha senda en penumbra nos lleva hasta las entrañas de la peñas. Después de un leve descenso nos situamos en un roca muy especial, para Koldo es el mejor mirador de la Sierra de Lokiz. Aquí también nos paramos a contemplar la belleza del paisaje y hacemos algunas fotografías.

Descendemos a través de una trocha protegida del sol por un robledal de bajo porte. Veinte minutos de bajada y llegamos a los Nogales. Nos despedimos de Koldo.

Me quedo con la sensación de haber visto rincones de una belleza excepcional, de haber contemplado secretos perdidos en el tiempo, de incorporar a mi vida un paisaje que me va a acompañar durante una larga temporada.

En este viaje no sólo me han acompañado mis amigos, también han estado conmigo esos pastores que guardaban el ganado en la Cueva de Andueza o que almorzaban en la Sala de los Pastores, esos romeros que subían a la ermita el mes de junio, esos corrales de piedra con la techumbre hundida, …

Te sugiero que cuando subas a Lokiz prestes mucha atención a las historias que te cuentan las piedras, los árboles, las sendas, … Detrás de todo ello hay un mundo ancestral, a veces mágico, que te llenará de sensaciones entrañables que perdurarán en el tiempo.

Ruta de acceso a la Cueva de San Prudencio


Enlaces de interés:
Ganuza, Emita de Santiago, Sardegui y Agujero de Ollobarrenen.
La peña Rajada, Cuevas de San Prudencio y Reloj de Sol. 

(1): «Hace muchos siglos estaba Santiago con sus huestes a caballo rodeado de Moros y a punto de ser vencido, cuando sacó su espada y de un sólo golpe partió la Piedra en dos, dejando un paso de caballo por el que Santiago y los suyos pudieron huir y posteriormente vencer a sus enemigos.» Fuente: rutasnavarra.com

Art Jazz Quartet en Garrapinillos

art jazz quartetEste Sábado decidimos bajar a Garrapinillos para ver la actuación del grupo Art Jazz Quartet. Cuando llegamos, a eso de las nueve menos cuarto, ya habían empezado a tocar. Una atmósfera singular se había adueñado del local: un sonido de «música en vivo», un cuarteto de Jazz que había desterrado a la televisión, una luz tenue, un público muy atento. Sí, algo extraordinario estaba sucediendo en Casa Indalecio.

Alrededor de cuarenta personas, de pie en la barra o sentados, seguíamos atentamente las filigranas de un saxo o una guitarra, a veces del contrabajo o la batería, que nos trasladaban a los años treinta a través de unas composiciones que no habían envejecido. Sigue leyendo

Polar. Laura Bordonaba Plou

polarMe presentaron a Laura después de la publicación de su primer libro de relatos, «Sobreexposición», me pareció una mujer atractiva, discreta. La última vez que la vi estaba sola, apoyada en la pared de un pasillo negro flanqueado por ventanales de luz. La noté un poco desvalida, obligada a estar ahí por un protocolo social que obliga a acompañar. Sigue leyendo

Pinseque Rock Fest, crónica breve

pinseque rock Sábado 18 de marzo, tarde tonta, estamos cansados. Decidimos no bajar a Zaragoza y pasarnos por Leroy Merlin para comprar unas puertas. A la vuelta paramos en Pinseque. Nos dirigimos al «Sastre» a tomar un vino, no había nadie en la barra, la multitud se había congregado en el Pinseque Rock Fest.

Llegamos un poco tarde con lo cual no pudimos ver al primer grupo, Los Imposibles, pero disfrutamos a lo grande de los otros tres, Spartans, Bandido y Notanblus. Sigue leyendo

Ancianos de película

Ancianos - cartel de la películaUn atardecer tardío, casi un anochecer de agosto, unos ancianos decrépitos se colaron en casa. Pusimos esta película, una comedia de éxito, temiendo que su contenido nos dejara más tristes de lo que ya estábamos. Me impresionó, no podía dejar de pensar en ella. Un activismo de viejo se apoderó de mi. Con un poco más de sosiego, ésta es una de las lecturas que hice.


Sigue leyendo

Ribadesella

Puerto pesquero de RibadesellaDecidimos ir a Ribadesella, habíamos estado en otras ocasiones de visita y siempre nos habíamos quedado con las las ganas de permanecer más tiempo. Unos días antes pensamos en anular la reserva y mirar otros destinos. Los pronósticos daban lluvias torrenciales por el norte. Sigue leyendo

Del Sassaxu a Malmö, pasando por La Taberna del blues

De bares. Malmö, ciudad sueca ubicada al sur del país, en Escania.

Malmö, ciudad sueca ubicada al sur del país, en Escania. Comunicada con Copenhague por medio del puente Orensund, el puente combinado tren-carretera más largo de Europa.

Habíamos quedado con José Luis y Paola en Zaragoza para ir de cañas. La ciudad estaba semidesierta. Un viento fresco había desplazado el calor sofocante de los últimos días. Muchos bares habían cerrado. Para tener un recorrido con posibilidades empezamos a tomar las primeras copas en las tabernas de la Calle Baltasar Gracián. Sigue leyendo