Archivo de la categoría: Historias de un casero

La vida es monótona pero a veces nos sorprende con situaciones e historias curiosas.

El orfanato

Fotografía de Angel M. Corredor.

A pesar de que no me apetecía, había decidido acudir a la cita que habían convocado para el día 15 ex alumnos de la Universidad Laboral en Gijón. Estaba sumido en otra de esas crisis que no me abandonaban. No sabía qué hacer, estaba inquieto, lo único que tenía claro es que quería salir de la ciudad. Estaba hastiado del ambiente en el que vivía. Sigue leyendo

Sin retorno

El reloj marcaba las nueve de la noche, había elegido una tarde bochornosa del mes de junio para montar la cocina. Un calor sofocante lo acompañó durante todo el tiempo que permaneció en el piso. Tenía ganas de marcharse. Recogió la herramienta y salió hacia el coche. Media hora lo separaba de la ducha y una cerveza fría. Sigue leyendo

Sueños de lluvia

sueños de lluvia

Fotografía de Javier Vieras

Me he levantado agotado. Una larga pesadilla ha ocupado el sueño de toda la noche. No es la primera vez, desde la reunión del 11 de mayo con mis compañeros de la laboral, esa intensa y agotadora pesadilla se repite.

No siempre son los mismos sueños, no siempre la misma secuencia. A veces son sólo imágenes cargadas de sombras que presagian miedo y angustia. Sigue leyendo

Regreso al pasado

Son las siete y cuarto de la tarde, Pili me deja en el Paseo Echegaray. Me asomo a la plaza del Pilar, al fondo, a la derecha, distingo un grupo de personas ataviadas de pelo cano y colores oscuros. Me voy acercando, estoy acojonado, no voy a reconocer a nadie. Llego al grupo, algunos de ellos se acercan y me saludan amablemente, poco a poco voy estrechando la mano de todos. Respiro tranquilo. Sigue leyendo

Vampiros

vampirosEl espejo me devuelve una imagen demacrada que me cuesta asumir. Las arrugas del entrecejo han aumentado remarcando la división de mi frente. Las de la risa han dejado de ser expresivas para convertirse en dos profundos surcos. Las gafas no consiguen disimular las bolsas de los ojos, el fular no es suficiente para ocultar la flacidez de mi cuello, las orejas las he dejado que campen a sus anchas. Sigue leyendo