Cosas de viejo

Rate this post

En un programa del Hormiguero Pablo Motos entrevistaba a Joan Manuel Serrat, éste se quejaba del mal comportamiento que tenemos con los viejos. El cantautor está en activo y es muy respetado en la profesión, pero ha entrado en una edad que le permite ver sin contemplaciones el papel de los mayores. Yo, con cuarenta años,  ya notaba como la juventud me empujaba al bando de los viejos.

Pienso que uno de los factores fundamentales que mediatiza la visión que la sociedad tiene de nosotros es el trabajo. La carencia del mismo margina a mujeres y hombres, a jóvenes y mayores, convierte a las personas en ciudadanos de segunda, a los viejos en ciudadanos de tercera.

Creo que cuando alcanzas la tan esperada jubilación pasas a otra categoría, ya no eres un par, eres otra cosa, si alguna vez tuviste opinión, ésta deja de ser considerada, si tuviste compañeros, éstos desaparecen, si alguna vez te sentiste sólo, ahora lo estarás más.

Tal vez debiéramos poner interés en seguir ocupados, no en un trabajo en el que llevamos treinta o cuarenta años, sino en uno nuevo que hemos ido diseñando conforme nos hemos ido acercando a la jubilación. Una ocupación acorde con nuestras expectativas, gustos y energías.

Hace algunos años recuperé el significado del trabajo tal como lo entendía Marx, como algo esencial al hombre, como una actividad con la que nos transformamos a nosotros mismos. Detrás de esta revelación hubo una experiencia laboral que desgraciadamente duró poco, pero fue lo suficientemente importante como para empezar a pensar en el trabajo como el medio para relacionarme con el mundo, como el argumento para dar más sentido a mi vida. Creo que fue en este período cuando empezó a germinar en mí la idea de que yo no dejaría de estar ocupado.

Desde hace tiempo vengo observando el comportamiento de aquellos que aman su profesión. Los creadores no dejan de producir, siguen estando activos a edades avanzadas, lo mismo podríamos decir de la gente de los pueblos, siguen ocupados hasta que la salud o la fuerza les falla. Tal vez nosotros debiéramos seguir su ejemplo, reciclarnos, si es necesario, y diseñar el trabajo que siempre nos hubiera gustado tener.

No me parece divertido ese ocio programado de viajes y buffets libres, creo que es muy aburrido una repetición de días donde las únicas novedades se encuentran en las noticias de la televisión o en la visita de los nietos. Me pregunto cómo se puede mantener la ilusión viva si renunciamos a una actividad que nos permite interactuar con el mundo y sentirnos útiles. Es muy fácil caer en la desidia si alguien o algo no te incita a vivir.

Pienso que es menos complicado de lo que parece, en muchos casos sería suficiente con dignificar nuestras aficiones y elevarlas a la categoría de trabajo. Vivir requiere mucho empeño y dedicación, creo que el esfuerzo de reinventarse merece la pena.

Lo que comento no está reñido con la la jubilación a los 65 años, un derecho que defiendo, ni con las actividades a las que se dedican las personas jubiladas que conozco, tiene que ver más con las personas que encuentran dificultades para “ejercer” la jubilación con gracia. Es muy probable que yo sea una de esas personas.