Del Sassaxu a Malmö, pasando por La Taberna del blues

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De bares. Malmö, ciudad sueca ubicada al sur del país, en Escania.

Malmö, ciudad sueca ubicada al sur del país, en Escania. Comunicada con Copenhague por medio del puente Orensund, el puente combinado tren-carretera más largo de Europa.

Habíamos quedado con José Luis y Paola en Zaragoza para ir de cañas. La ciudad estaba semidesierta. Un viento fresco había desplazado el calor sofocante de los últimos días. Muchos bares habían cerrado. Para tener un recorrido con posibilidades empezamos a tomar las primeras copas en las tabernas de la Calle Baltasar Gracián.

Después de tres cañas llegamos al Sassaxu, un bar de vinos singular. La iluminación nos invita a pensar que estamos en un pub, pero no es así, es un bar de tapas con una buena selección de vinos y el grifo de cerveza a punto. Podría tener la peculiaridad de ser un bar de “ambiente” por la clientela que acude a degustar sus manjares, tampoco es así, es un lugar de encuentro muy agradable donde heteros y gays maridamos muy bien.

En este ambiente especial, con una luz tenue donde los rojos parecen predominar, José Luis y Paola nos cuentan el crucero que hicieron por el Báltico: Malmö, el puente Oresund, Copenhague, Tallín, … Me evadí sin pretenderlo. Malmö está muy cerca de Ystad, la ciudad de Kurt Wallander, el detective creado por Henning Mankell. Estas ciudades para mi son entrañables, he paseado por sus calles, he soportado sus largos inviernos, he esperado con impaciencia esa primavera que siempre se resiste, … Me tuvieron que llamar la atención para sacarme de mi ensimismamiento.

De un relato rápido del viaje se pasó, ya en el bar Smile, a una propuesta eufórica, ¿por qué no hacemos los amigos un crucero? Seguramente habíamos entrado en ese mundo un poco achispado y optimista posterior a los tres primeros tragos. A Pili y a mí no nos apetecía mucho un viaje de este tipo. Sin embargo, después de dos vinos de Calatayud y una croqueta yo me había sumado a la propuesta y había accedido a intentar convencer a Pili.

Decidimos tomar la última en la Taberna del blues, un pub con un ambiente atractivo para gente de “cierta edad” en el que sabes que no vas a desentonar. Nos recibió “Tunnel of Love”, estábamos muy animados, Paola era la más entusiasta. Se empiezan a enumerar las ventajas del viaje: por una vez estaremos todos juntos, las propuestas de ocio de un crucero son muy variadas, hay barra libre, buffet libre, … y además vamos a poder visitar varias ciudades. Lo pasaremos muy bien. El encargado de hacer la búsqueda sería José Ángel, nuestro experto en conseguir ofertas.

Una segunda ronda ocupó la barra, “Proud Mary” animaba el ambiente, estábamos lanzados, hasta Pili, la más remisa por su miedo al agua, ya estaba de acuerdo. Haríamos un crucero, mañana enviaríamos un “wasap” a José Ángel. Seguimos hablando con entusiasmo de muchas cosas, interrogando a los cruceristas sobre un sinfín de detalles, diseñando una ruta ideal, buscando un período apropiado.

La noche avanzaba deprisa, el cansancio se hacía notar. Después de insistir y rogar mucho, José Luis y yo pudimos pedir una cerveza más, la última. Fue un error. El ánimo decayó, la conversación se apagó, la influencia del alcohol se hacía visible por momentos. En esta situación decidimos que ya había llegado la hora de marcharnos a casa. Abandonamos la calidez de la Taberna del blues para sumergirnos en esa noche vacía y ventosa de agosto. Un asfalto duro y oscuro nos marcó con acritud el camino a casa.

No se volvió a hablar del viaje, el crucero no llegó a materializarse, se perdió en los vapores de una noche cervecera. Sin embargo, esa noche, mediatizado por la experiencia de mis amigos y las novelas de Mankell, me acerqué más a una Suecia desconocida, llegué a sentir la proximidad de unas ciudades tanto tiempo imaginadas, me asomé al mar Báltico desde las llanuras de Escania, intuí la soledad de los largos inviernos. Sentí esa “experiencia” que pocos turistas atrapan en su afán por recorrer un mundo de postal.