La cueva de San Prudencio, una mirada al pasado

cueva de san prudencio

En el pilar central, en la mitad del mismo, se encuentra la cueva de San Prudencio, a cuarenta metros de altura.

Hemos quedado en Ganuza con Luis, Ana y Verónica, vienen de Logroño. Un día vieron el vídeo “La Cueva más salvaje de Navarra”, de paseoscortosyvinosblancos.com, y pensaron que no podían perderse esta excursión. Llegan alrededor de las once. Koldo será nuestro guía, nos conducirá hasta la cueva de San Prudencio.

La jornada es calurosa, en Ganuza dan una máxima de 32 grados, no es el día más apropiado para subir a la Sierra pero no podemos desaprovechar la ocasión. Iniciamos la excursión en la plaza del pueblo, Pili decide que no sube, que no está en forma. Al final conformamos la cuadrilla los riojanos, Koldo, Adi, Niebla y yo.

En el tramo posterior a los robles de San Pablo, Ana decide volver al pueblo, demasiada pendiente y calor para ella. Por teléfono, le pedimos a Pili que la espere en los Nogales. Seguimos Adelante, pasamos al lado de la Peña Rajada y volvemos a contar lo que tantas veces hemos relatado (1).

Zologorri

Barranco de Zologorri. A la derecha, el Puerto Nuevo.

La ascensión desde Ganuza hasta las peñas discurre por el barranco de Zologorri. Koldo nos cuenta como hace un año unas precipitaciones excepcionales dieron lugar a una cascada en las peñas, el torrente de agua creó una grieta de dos metros de profundidad a lo largo de todo el barranco, una pala de pequeño tamaño la rellenó. Ni los más viejos habían visto nunca un fenómeno así.

peñas de lokiz

Durante quince minutos caminamos pegados a las peñas.

La subida es exigente, con un desnivel pronunciado y mucho sol, pero breve. En veinte minutos ya estamos debajo de las peñas, en el cruce de direcciones que nos va a llevar a la cueva. A partir de ahora una senda, a veces indefinida, que recorre la base de las peñas nos llevará hasta la Cueva de San Prudencio. Este tramo, a pesar de su sinuosidad, es agradable y hermoso.

entrada cueva san prudencio

Koldo llevaba cuerdas por si el miedo me impedía subir.

 

Llegamos al pilar rocoso donde se ubica la cueva. La huella de la senda nos indica por dónde debemos subir a la entrada. Lo hacemos con mucho cuidado. Yo creo que puede subir todo el mundo, los más miedosos, Niebla y yo, subimos sin problemas animados por nuestro guía.

La panorámica que contemplamos desde la cueva.

 

Una vez dentro encendemos las linternas de nuestros móviles, gateamos un poco, nos damos algún que otro leve “coscorrón” contra el techo y ya estamos en ese balcón privilegiado que es San Prudencio. Koldo nos comenta que estamos a unos cuarenta metros de altura. Contemplamos la belleza de la panorámica, hacemos unas fotografías y volvemos a salir.

 

El recorrido por debajo de las peñas me traslada a unos tiempos de caminos desdibujados por la acción del agua y la vegetación, de una naturaleza abrupta impermeable a la presencia del hombre, de soledades acompañadas de roca y verde. Imagino muy difícil la vida de mis antepasados cuidando el ganado en la sierra.

Fotografía realizada desde la Sala de los Pastores.

Como el paseo se ha hecho corto, decidimos volver al cruce que dejamos atrás, debajo del Puerto Nuevo, para tomar la vereda que nos llevará a la ermita de Santiago. En quince minutos ya estamos otra vez en el cruce. Nos introducimos entre las peñas a través de los accesos del puerto.

Nos detenemos un momento en la Cueva de Andueza y la Sala de los Pastores. Desde aquí las vistas son muy bonitas, estamos en el interior de las peñas. En este lugar siempre he sentido algo muy especial, como si estuviera contemplando el secreto del nacimiento de la Sierra de Lokiz

Seguimos por una senda que discurre entre bojes. Este tramo, a pesar de no tener ninguna dificultad, ha sido para mí un poco penoso, la cabeza del grupo la ha tomado Verónica, muy joven, y ha impuesto un ritmo demasiado elevado para mi condición física.

En quince o veinte minutos llegamos a la explanada de la ermita. Descansamos un poco, bebemos agua e iniciamos de nuevo la marcha. Un cartel nos señala una bifurcación, a la Izquierda Sardegui, a la Derecha el Agujero de Ollobarren.

Vamos a bajar por Sardegui. Una estrecha senda en penumbra nos lleva hasta las entrañas de la peñas. Después de un leve descenso nos situamos en un roca muy especial, para Koldo es el mejor mirador de la Sierra de Lokiz. Aquí también nos paramos a contemplar la belleza del paisaje y hacemos algunas fotografías.

Descendemos a través de una trocha protegida del sol por un robledal de bajo porte. Veinte minutos de bajada y llegamos a los Nogales. Nos despedimos de Koldo.

Me quedo con la sensación de haber visto rincones de una belleza excepcional, de haber contemplado secretos perdidos en el tiempo, de incorporar a mi vida un paisaje que me va a acompañar durante una larga temporada.

En este viaje no sólo me han acompañado mis amigos, también han estado conmigo esos pastores que guardaban el ganado en la Cueva de Andueza o que almorzaban en la Sala de los Pastores, esos romeros que subían a la ermita el mes de junio, esos corrales de piedra con la techumbre hundida, …

Te sugiero que cuando subas a Lokiz prestes mucha atención a las historias que te cuentan las piedras, los árboles, las sendas, … Detrás de todo ello hay un mundo ancestral, a veces mágico, que te llenará de sensaciones entrañables que perdurarán en el tiempo.

 

Enlaces de interés:
La cueva más salvaje de Navarra. 
Acceso al agujero de San Prudencio. 
Ganuza, Emita de Santiago, Sardegui y Agujero de Ollobarrenen.
La peña Rajada, Cuevas de San Prudencio y Reloj de Sol. 

(1): “Hace muchos siglos estaba Santiago con sus huestes a caballo rodeado de Moros y a punto de ser vencido, cuando sacó su espada y de un sólo golpe partió la Piedra en dos, dejando un paso de caballo por el que Santiago y los suyos pudieron huir y posteriormente vencer a sus enemigos.” Fuente: rutasnavarra.com