Una sexualidad tergiversada

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Este libro cayó en mis manos recomendado por Ricardo Santa Bárbara en Facebook. Comentaba: Es el dolor de una mujer, un dolor íntimo e incomprendido, a la par que un repaso por sensaciones que solo pueden ser femeninas. ¡Cuánto nos queda por aprender y escuchar a quienes hemos nacido machos en un patriarcado asfixiante!

Es un comentario muy expresivo, digno del libro, que manifiesta, entre otras cosas, una realidad que a mí me duele, el desconocimiento que tenemos de la mujer. Pensaba que mi sensibilidad era cercana a ella, que había aprendido una buena parte de su mundo, pero no es así. Tal vez he intuido ese universo privado e íntimo, pero no he llegado a interiorizarlo, a hacerlo mío.

Cogí el libro con ganas, conforme iba pasando párrafos y páginas mi estupefacción aumentaba, una realidad que yo creía conocer era derribada a estacazos por las letras y vivencias de Marta Sanz. Me sentí idiota.

Creo que por primera vez fui consciente del impacto de la menopausia en la sexualidad de la mujer. Conocía la realidad y efectos de la misma, las mujeres que acompañan mi vida ya han pasado por ahí, pero por razones que ahora creo intuir, no había sido capaz de transformarla en un pensamiento funcional, en una actitud adaptada a esta realidad.

Llegué a culpabilizar a una cultura pervertida que ha diferenciado tanto la sexualidad masculina y femenina que apenas comparten, a ciertas edades, puntos de encuentro. Mientras la mujer sufre una metamorfosis que la lleva a rechazar la dimensión más física del sexo, la penetración, el varón busca desesperadamente remedios para mantener una rigidez que le permita ser el macho de siempre.

Llegué a pensar que mi identidad sexual estaba marcada por una heterosexualidad excesivamente unilateral que había relegado, por ignorancia o por torpeza, la sexualidad de la mujer a un limbo desconcertante.

Querría vivir la sexualidad de otra manera, transformar el deseo en ternura, incorporar caricias, besos y abrazos a la rutina diaria, volver a recuperar la cercanía y complicidad de tiempos pasados.

Me he enfadado con esta cultura mediática que transmite chorradas en frases cortas, que confunde. Me duele que en ciertos momentos haya experimentado la sexualidad como una derrota, como un fracaso que me ha obcecado y me ha impedido dar una respuesta adecuada a una realidad tan próxima.

Me queda el consuelo de formar parte de un pequeño universo que se alimenta de vuestras lecturas, pensamientos e inquietudes, y que me permite seguir aprendiendo un mundo complejo. También me queda la frase de Marta Sanz que ha dado lugar a esta breve reflexión: He perdido las ganas y aún así padezco una exigente necesidad de amor. Quiero las atenciones que se dan a un peluche.