Polar. Laura Bordonaba Plou

polarMe presentaron a Laura después de la publicación de su primer libro de relatos, “Sobreexposición”, me pareció una mujer atractiva, discreta. La última vez que la vi estaba sola, apoyada en la pared de un pasillo negro flanqueado por ventanales de luz. La noté un poco desvalida, obligada a estar ahí por un protocolo social que obliga a acompañar.

El día de mi cumpleaños, Pili me regaló un ejemplar dedicado de su última publicación, “Polar”. Quise conocerla más. Decidí que la mejor manera de llenar ese vacío era leer también su segundo libro. Voy a intentar dar forma a una Laura virtual, acercarme a ella a hurtadillas, saltando de relato en relato sin orden ni concierto.

Una mujer misteriosa,

Me encanta esa Laura intimista y abstraída, la que veo deambulando por la calle con una historia inacabada a la que no encuentra final, la que intuyo con una necesidad imperiosa de construir mundos que la acompañen, que la entiendan, que le permitan comunicar una soledad distinta. No puedo desdeñar a la Laura más social y mundana, la que acude a las presentaciones de sus libros, la que responde a entrevistas, la que vemos en vídeos de YouTube.

Se describe a sí misma de una manera escueta, esquemática (Gloria Village): “La bibliotecaria era rara de narices… Tenía el pelo negro y largo, iba en vaquero y camisetas, zapatillas o botas, y una chaqueta de lana”. Esta es la indumentaria que le gusta, que le queda bien, que evidencia su buen tipo. Un atuendo sencillo para una mujer elegante. Creo que este disfraz acompaña muy bien esa seguridad que la arropa. Mi imaginación, mi último recuerdo, me invitan a otorgarle cierto desvalimiento, pero sé que no es cierto, es una mujer segura y reflexiva.

imaginativa, valiente y provocativa.

No tiene ningún inconveniente en introducirse en mundos sórdidos con infancias carentes de inocencia, adolescencias no vividas, almas rotas por el desamor (Chechenia), destinos abocados a la desdicha y la locura. En escenarios siniestros de dedos cortados y pechos mutilados (María, “La Clara”), de intentos de suicidio domésticos y oníricos. Los argumentos de estos relatos acaban por desterrar la imagen de una Laura frágil que había guardado en mi imaginario.

Su imaginación es notable, varios de los cuentos nos envuelven en argumentaciones y finales sorprendentes: “La jaula se ha vuelto pájaro” o “Mi vida animal”.  Siempre intenta sorprendernos con un final que nos deje un poco descolocados. Uno de los objetivos de Laura es incomodarnos, agitarnos, mostrarnos un argumentario, un cuestionario comprometido con el que podamos testear nuestra vida.

Comprometida con el ser humano y sus delirios.

Me gusta esa Laura que construye el camino de amores difíciles y poco probables que acaban, sorprendentemente, saliendo adelante (Pink Floyd), que se desenamora a voluntad después de una análisis pormenorizado de su pareja (Aullidos). Que manifiesta ráfagas de erotismo de una manera brusca y fugaz, que no elude hablar del sexo en su faceta más mecánica y menos romántica. Que le gustan los animales.

He estado atento al papel de los hombres en sus relatos. En una buena parte de ellos suponen el atrezzo necesario para su historia. Son objetos pasivos, no tienen la categoría de sujetos, juegan a ser la pared de un frontón en el que rebotan en distintas direcciones los anhelos, las preocupaciones, las opiniones, las filigranas de una Laura incisiva y detallista.

Laura cree en la permeabilidad y maleabilidad del ser humano, en una exagerada capacidad de mutarse que lleva hasta su últimas consecuencias en relatos como Inmersión o Kato.  De vez en cuando poderosas fuerzas -la maldad, la locura, la superstición- se cuelan en sus relatos envolviéndolos en un halo de negrura y pesadilla que nos perturba.

Sofisticada y decidida.

El ambiente, el aire de los relatos se mueve entre cierta sofisticación cultural y un costumbrismo al que trata con cariño y respeto. Quiero señalar estas dos frases que definen muy bien un medio en el que muchos de nosotros hemos navegado: “Crecía como una sombra neutra que de vez en cuando se iluminaba”. “Es fácil tener una vida mediocre cuando tus oportunidades también lo son” (Piedra, papel o tijera).

En la lectura del libro nos acompaña esa soledad propia del ser humano, un frío que siempre acaba por apagar cualquier asomo de calidez que se cuela en alguno de los relatos, una palpable tristeza de fondo. También nos acompaña la determinación. Creo que ésta sí puede ser una de las característica que definen la personalidad de Laura. Es una persona que decide, este rasgo minimiza cualquier atisbo de fatalismo que pudiera haber en los relatos.

La publicación de dos libros de relatos y la inclusión de textos suyos en varias antologías, indican una necesidad acuciante de escribir. Creo en una Laura que vive como mínimo dos realidades, la de los suyos, su casa y su trabajo. Y la otra, su universo literario plagado de múltiples escenarios y personajes. ¿Cómo conviven estos dos mundos?

Después de estos párrafos me pregunto si cuando me la presentaron estaba con nosotros o inmersa en una de esas aventuras existenciales que nos cuenta en sus relatos.

Enlaces de interés:
Laura Bordonaba habla de su libro.
Reseña en  Heraldo de Aragón.