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Reflexiones y otras cosas

Adivinando el futuro

Ultimamente pienso mucho en la vida, vislumbro los detalles de un destino ya marcado en el que no hay nada que decidir, en el que solo queda seguir una línea ya trazada. Esto no puedo argumentarlo, no sabría como sustentarlo en razones, es más bien una intuición basada en una observación de mi entorno y de mí mismo, es un estado de ánimo. Es como si hubiera madurado, como si la incertidumbre de lo venidero ya no existiera, como si la búsqueda de futuro hubiera finalizado y conociera lo que me depara el porvenir.

Creo que he llegado a esta certidumbre gracias a la acción más que al pensamiento. Este me ha mostrado posibilidades, me ha transportado a mundos de ensueño y deseo, ha incentivado el trabajo y ha planificado, pero lo que ha creado esa proyección en el tiempo, ese espacio de futuro donde alojarme, trabajar, crecer y soñar, ha sido la acción. Resulta paradójico que ahora yo me crea un hombre de acción cuando he vivido mi existencia en una «paja mental» contínua.

Esta infusión de clarividencia se la debo, entre otras cosas, al medio en el que vivo. Hace ya mucho tiempo que estoy atento a cómo respira mi entorno, intento interpretar qué mueve a las personas, qué hay detrás de su cotidianidad, qué les ilusiona y les entristece. Sin pretenderlo tengo ya una opinión elaborada, sé de sus anhelos y frustraciones, pero al final lo que más me importa de ellas son las ganas de vivir que manifiestan, la rasmia con la que van sorteando los días, el resto me importa mucho menos.

Esto lo he trasladado a mi persona, lucho por que no decaiga mi interés por las cosas y las personas, por vencer a la dejadez que lleva pareja esta edad, por mantener viva la ilusión en la casa de Ganuza, por engañarme con todos los recursos que encuentro para dar trascendencia a lo que hago.

Para potenciar esta mirada he obviado una realidad mediática que me desbordaba y me crispaba. No ha sido un ejercicio de metodología, me he alejado de la «información» porque me estaba haciendo daño, me estaba invitando a despreciar este mundo y a los que vivimos en él. Con el tiempo esta actitud defensiva ha sido esclarecedora y muy apropiada para centrarme en cosas más esenciales y atractivas para mí. Tal vez haya contribuido a vislumbrar ese futuro que he comentado.

Es probable que esté escribiendo estos párrafos porque no encuentro un interlocutor, esto no interesa, creo que aburre. Entiendo que se prefiera hablar más de los asuntos locales o nacionales, de acontecimientos culturales, de viajes, pero también habría que reservar tiempo y ganas para tocar estos temas ya que tenemos una necesidad permanente de comunicarnos, sabemos que en cada uno de nosotros se esconde un solitario que de vez en cuando necesitaría gritar su soledad.

El otro día me enviaron unas fotografías de una reunión que hicieron compañeros de la Universidad Laboral de Gijón en Logroño, le comentaba a Luis en un wasap ¡Cuánta sabiduría tienen que encerrar esas mentes! No era una gracia. Me gustaría ser un lector de ese manual vital que ha confeccionado cada uno de ellos, me gustaría escuchar en conversaciones acompañadas de vino el relato de las encrucijadas que han tenido que superar, aunque, tal vez, lo que más me gustaría es conocer cómo afrontan el futuro que han elegido o les ha tocado.

A pesar de tener algunas certezas sobre mi futuro sé que éste puede desvanecerse en cualquier momento, podría enumerar varios escenarios, todos ellos muy posibles, en los que saltaría por los aires. Ahora pivota alrededor de un juguete, la casa de Ganuza, que me entretiene y me hace mucha ilusión. Quiero disfrutar a tope de este juguete y de la certidumbre que me ha dado este momento vital por que sé que llegarán tiempos en los que la duda y la inquietud se apoderarán de mí.

Cosas de viejo

En un programa del Hormiguero Pablo Motos entrevistaba a Joan Manuel Serrat, éste se quejaba del mal comportamiento que tenemos con los viejos. El cantautor está en activo y es muy respetado en la profesión, pero ha entrado en una edad que le permite ver sin contemplaciones el papel de los mayores. Yo, con cuarenta años,  ya notaba como la juventud me empujaba al bando de los viejos.

Pienso que uno de los factores fundamentales que mediatiza la visión que la sociedad tiene de nosotros es el trabajo. La carencia del mismo margina a mujeres y hombres, a jóvenes y mayores, convierte a las personas en ciudadanos de segunda, a los viejos en ciudadanos de tercera.

Creo que cuando alcanzas la tan esperada jubilación pasas a otra categoría, ya no eres un par, eres otra cosa, si alguna vez tuviste opinión, ésta deja de ser considerada, si tuviste compañeros, éstos desaparecen, si alguna vez te sentiste sólo, ahora lo estarás más.

Tal vez debiéramos poner interés en seguir ocupados, no en un trabajo en el que llevamos treinta o cuarenta años, sino en uno nuevo que hemos ido diseñando conforme nos hemos ido acercando a la jubilación. Una ocupación acorde con nuestras expectativas, gustos y energías.

Hace algunos años recuperé el significado del trabajo tal como lo entendía Marx, como algo esencial al hombre, como una actividad con la que nos transformamos a nosotros mismos. Detrás de esta revelación hubo una experiencia laboral que desgraciadamente duró poco, pero fue lo suficientemente importante como para empezar a pensar en el trabajo como el medio para relacionarme con el mundo, como el argumento para dar más sentido a mi vida. Creo que fue en este período cuando empezó a germinar en mí la idea de que yo no dejaría de estar ocupado.

Desde hace tiempo vengo observando el comportamiento de aquellos que aman su profesión. Los creadores no dejan de producir, siguen estando activos a edades avanzadas, lo mismo podríamos decir de la gente de los pueblos, siguen ocupados hasta que la salud o la fuerza les falla. Tal vez nosotros debiéramos seguir su ejemplo, reciclarnos, si es necesario, y diseñar el trabajo que siempre nos hubiera gustado tener.

No me parece divertido ese ocio programado de viajes y buffets libres, creo que es muy aburrido una repetición de días donde las únicas novedades se encuentran en las noticias de la televisión o en la visita de los nietos. Me pregunto cómo se puede mantener la ilusión viva si renunciamos a una actividad que nos permite interactuar con el mundo y sentirnos útiles. Es muy fácil caer en la desidia si alguien o algo no te incita a vivir.

Pienso que es menos complicado de lo que parece, en muchos casos sería suficiente con dignificar nuestras aficiones y elevarlas a la categoría de trabajo. Vivir requiere mucho empeño y dedicación, creo que el esfuerzo de reinventarse merece la pena.

Lo que comento no está reñido con la la jubilación a los 65 años, un derecho que defiendo, ni con las actividades a las que se dedican las personas jubiladas que conozco, tiene que ver más con las personas que encuentran dificultades para «ejercer» la jubilación con gracia. Es muy probable que yo sea una de esas personas.

La resaca

Todo está a punto. Estos días están siendo muy exigentes, muchos detalles a tener en cuenta, un papeleo impresionante, obras imprevistas de última hora que nos han obligado a pedir dinero. Estoy cansado, apático, casi desmoralizado.

Un abatimiento que ayer logré mitigar con la plancha y las sábanas. La simbiosis plancha-ropa de cama me transporta al entorno amable de una casa rural, a un modo de vida más apacible en el que los problemas del mundo, del día a día, se resuelven eliminando arrugas, limpiando, manteniendo ese espacio en un orden acorde con el entorno. También me lleva a evocar una vieja idea que se fue empapando de romanticismo. El regreso al pueblo de mis antepasados donde yo nací, el redescubrimiento de la muralla que representa la sierra de Lokiz, la creencia de que sería capaz de crear un espacio en el que todos los que pasaran por allí pudieran disfrutar.

Cuatro años de rehabilitación, algunas cenas en la sociedad del pueblo, muchos viernes visualizando unas calles desiertas, han dinamitado cualquier atisbo de romanticismo, me han dejado la certeza de que no puedo vivir en Ganuza. A pesar de ello, sigo teniendo ganas de transformar ese trozo de pueblo que me cedió mi familia, reconvertirlo en un espacio bonito, de disfrute, que se materialice en un pequeño hotel rural o en una gran casa, en un bar con terraza, en unas cervezas al abrigo de las peñas.

Mi idea sigue siendo explotar la belleza de la sierra, la singularidad del pueblo. Yo creo que no es complicado, si un vídeo espectacular  de paseoscortosyvinosblancos ha sido capaz de llevar la cueva de San Prudencio a miles de ciudadanos y generar un flujo continuo de visitantes a la sierra de Lokiz, por qué no vamos a poder atraerlos con un vino y unos huevos rotos trufados en un entorno casi mágico.

Hemos acabado la primera fase, poner en marcha el apartamento rural, reforzar y sanear la estructura del edificio, y  rehabilitar el exterior. Hemos trabajado mucho, hemos consumido nuestras reservas de ahorros y, también, hemos acabado un poco hartos y cansados. Pronto, cuando el trabajo de la casa esté organizado, cuando tengamos un poco de dinero, cuando nos hayamos recuperado del cansancio, empezaremos a rehabilitar el corral de la vaca, un espacio de 40 metros que servirá de zona común para los huéspedes, o será el germen de un bar.

A veces tengo la impresión de que mi vida es una huida hacia adelante, estoy haciendo de estos pequeños proyectos la razón de mi existencia, … No sé si esto está bien, me divierten, pero seguro que hay cosas, actividades, sueños que llenan más. En cualquier caso no encuentro una buena razón para no hacer lo que hago. No sé si me engaño cuando me digo que hago lo que quiero, cuando me convenzo de que quiero estar ahí, enfangado con problemas de promotor, hipotecado con fines de semana alejado de mis amigos, agotado por una actividad que supera la energía de mis años.

A pesar de las dificultades y el cansancio, mi carácter me hace mirar hacia adelante. Intento mantener vivo al iluso que llevo dentro. Me he alejado de las catástrofes y la probredumbre proyectada por los medios, me alimento de lo mejor que encuentro a mi alrededor.  Disfruto contemplando lo hecho. Admiro a los amigos que se buscan la vida día a día en sus negocios y trabajos temporales. Me gustan aquéllos que gestionan lo cotidiano con ganas e ilusión, también aquéllos que miran a sus hijos con amor. Adoro las personas discretas y humildes.

¿Qué me ha aportado esta experiencia de cuatro años? No lo sé, no he crecido como persona, la pareja no ha salido fortalecida, tal vez sólo haya envejecido. Podría decir que necesitaba hacerlo, pero tampoco estoy seguro, hay otras cosas que me han ilusionado que costaban mucho menos esfuerzo y no las he hecho. Creo que me he convencido de que para mí es bueno hacer cosas, no parar, he llegado a pensar que para sentirme vivo necesito materializar mis ilusiones en proyectos.

Muchas veces he dudado de mis pensamientos, de esas convicciones que uso para justificarme en una conversación. Tengo la sensación de que intento simplificar mi vida, mejorar mi relación con el entorno para disfrutar más de él, liberarme de las rutinas que no me aportan nada, … Creo que sigo buscando, intento escapar de la incertidumbre, aunque en muchas ocasiones me veo perdido en una agenda cargada de obligaciones y compromisos que me despistan y agobian.

En el club social

El puente de San valero nos quedamos en casa, no bajamos a la ciudad, nuestros amigos habían escapado de Zaragoza en busca de nuevos alicientes.

Vinimos del pueblo enfadados. Cuando no se comparten proyectos, la crítica y las opiniones no favorables no se interpretan bien, se consideran obstáculos innecesarios, disgustan, te ponen a la defensiva.  Sigue leyendo

Buscando a Javier Nasarre

geometrias de la intemperieEsta mañana, muy temprano, me dirigía al trabajo, escuchaba en la radio a Xoel López. Pensé en el refugio que suponía la música para los creadores. Crear, interpretar una canción debe suponer acceder a un mundo muy peculiar en el que tienes que dibujar sus contornos, esbozar sus dimensiones, dotarlo de emoción y por último, darle vida. Sigue leyendo

Una sexualidad tergiversada

Este libro cayó en mis manos recomendado por Ricardo Santa Bárbara en Facebook. Comentaba: Es el dolor de una mujer, un dolor íntimo e incomprendido, a la par que un repaso por sensaciones que solo pueden ser femeninas. ¡Cuánto nos queda por aprender y escuchar a quienes hemos nacido machos en un patriarcado asfixiante! Sigue leyendo

Abrazos

El jueves por la tarde, aprovechando la dejadez provocada por el resfriado, decidí volver a ver la película Yo, él y Raquel. Tengo que confesar que estaba bastante sensiblero, a pesar de ello intenté ver detalles que no había visto en la primera sesión.

Una de las cosas que noté es la ausencia de abrazos entre adolescentes. Muchas de las situaciones, dado el dramatismo de la película, lo requerían, pero el abrazo es un recurso que todavía no han aprendido. Sigue leyendo

Mujeres

Fotografía de Angel M. Corredor

Carmen Alborch en Solas. «Las mujeres solas no nos conformamos. Vivimos acompañadas mientras nos sentimos queridas, mientras se mantiene el deseo, mientras perduran la complicidad y el respeto. Pero cuando no existe sincronización con nuestra pareja, preferimos estar Solas que resignarnos al desamorSigue leyendo

Gari, Ez da amaiera

Fotografía de Iker Merodio

Eran las nueve y cuarto de la noche, venía de Las Fuentes, sudado, con treinta grados y un sol bajo que dificultaba la conducción. En radio 3 estaba Juan De Pablos con su «Flor de Pasión». Ese día el programa era un monográfico sobre Gari, un ex Hertzainak del que nunca había oído hablar. Presentaba su nuevo trabajo «Ez da amaiera». Sigue leyendo

Con gafas en la ITV

Monturas Rocker, mod. 759

Eran la siete y media de la tarde, estaba en la cola de la ITV de Utebo. A las tres y media me habían dicho que tenía que volver, «el vehículo presenta emisiones con nivel de coeficiente de absorción superior a lo permitido». La terapia consistía en dar acelerones para expulsar la «carbonilla» del tubo de escape. Sigue leyendo