Una mujer de ojos claros

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Era la reina del baile, de la zona, de Conde de Aranda. Una mujer bella, tal vez la más hermosa. Después de una breve juventud vivida al amparo de la libertad de los 80, se retiró a sus cuarteles de invierno a criar una niña que iba a ser la esencia de su vida, que a la postre resultó ser la respuesta a todas las dudas de una existencia.

La conocí una Nochevieja rodeada de amigos y familia. Demasiada gente nueva, demasiado jolgorio para fijarme en ella. Fue después, en los años que siguieron, cuando la vi acompañada de su pareja, de su niña, acudiendo a cafés y cañas, viviendo un vida social sujeta a las exigencias de la maternidad.

Años de crianza la mantuvieron relegada en un segundo plano reservado a madres que habían optado por el cuidado de los hijos y la casa. A pesar de una entrega apasionada a su hija, de una feliz vida en pareja, siguió manteniendo una inquietud y una curiosidad que la mantuvo dentro del mundo.

Llegaron tiempos de zozobra y crisis. El mundo que habían forjado ya no servía, saltó en mil pedazos. Se abrió un período de búsqueda, de experimentación, de incomprensión que la alejaron de algunos de sus amigos. Una decepcionante y dolorosa travesía la acompañó durante un tiempo. Una escudera de lujo la cuidó con amor, su hija, la esencia de su vida.

Salió fortalecida, se hizo con el control de sus emociones, de sus días. Rehizo su entorno, buscó nuevos amigos y se liberó de la decepción. Una mujer más pausada empezó a acotar lentamente los límites de un universo que había escapado a su control. El amor, una nueva pareja se cruzó en su camino. Inicio una vida adaptada al tempo y a las exigencias del mundo que había elegido.

Una mujer con ilusión mira el mundo de otra manera. Han llegado los días de celebrar la vida, el amor, de compartir con los suyos esa mirada propia. Ha llegado la hora de pensar en sí misma, de reivindicar ese espacio, ese tiempo que se ha ido cediendo a lo largo de lustros con el propósito de cumplir lo comprometido.

Tal vez ya esté preparada para descubrir nuevos paraísos, para realizar viejos sueños, para avivar ilusiones que se apagaron en el camino. Una mujer de ojos claros desafía el futuro con optimismo y amabilidad, preparada para enfrentarse a las dudas del mañana, a la incertidumbre del porvenir.