La resaca

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Todo está a punto. Estos días están siendo muy exigentes, muchos detalles a tener en cuenta, un papeleo impresionante, obras imprevistas de última hora que nos han obligado a pedir dinero. Estoy cansado, apático, casi desmoralizado.

Un abatimiento que ayer logré mitigar con la plancha y las sábanas. La simbiosis plancha-ropa de cama me transporta al entorno amable de una casa rural, a un modo de vida más apacible en el que los problemas del mundo, del día a día, se resuelven eliminando arrugas, limpiando, manteniendo ese espacio en un orden acorde con el entorno. También me lleva a evocar una vieja idea que se fue empapando de romanticismo. El regreso al pueblo de mis antepasados donde yo nací, el redescubrimiento de la muralla que representa la sierra de Lokiz, la creencia de que sería capaz de crear un espacio en el que todos los que pasaran por allí pudieran disfrutar.

Cuatro años de rehabilitación, algunas cenas en la sociedad del pueblo, muchos viernes visualizando unas calles desiertas, han dinamitado cualquier atisbo de romanticismo, me han dejado la certeza de que no puedo vivir en Ganuza. A pesar de ello, sigo teniendo ganas de transformar ese trozo de pueblo que me cedió mi familia, reconvertirlo en un espacio bonito, de disfrute, que se materialice en un pequeño hotel rural o en una gran casa, en un bar con terraza, en unas cervezas al abrigo de las peñas.

Mi idea sigue siendo explotar la belleza de la sierra, la singularidad del pueblo. Yo creo que no es complicado, si un vídeo espectacular  de paseoscortosyvinosblancos ha sido capaz de llevar la cueva de San Prudencio a miles de ciudadanos y generar un flujo continuo de visitantes a la sierra de Lokiz, por qué no vamos a poder atraerlos con un vino y unos huevos rotos trufados en un entorno casi mágico.

Hemos acabado la primera fase, poner en marcha el apartamento rural, reforzar y sanear la estructura del edificio, y  rehabilitar el exterior. Hemos trabajado mucho, hemos consumido nuestras reservas de ahorros y, también, hemos acabado un poco hartos y cansados. Pronto, cuando el trabajo de la casa esté organizado, cuando tengamos un poco de dinero, cuando nos hayamos recuperado del cansancio, empezaremos a rehabilitar el corral de la vaca, un espacio de 40 metros que servirá de zona común para los huéspedes, o será el germen de un bar.

A veces tengo la impresión de que mi vida es una huida hacia adelante, estoy haciendo de estos pequeños proyectos la razón de mi existencia, … No sé si esto está bien, me divierten, pero seguro que hay cosas, actividades, sueños que llenan más. En cualquier caso no encuentro una buena razón para no hacer lo que hago. No sé si me engaño cuando me digo que hago lo que quiero, cuando me convenzo de que quiero estar ahí, enfangado con problemas de promotor, hipotecado con fines de semana alejado de mis amigos, agotado por una actividad que supera la energía de mis años.

A pesar de las dificultades y el cansancio, mi carácter me hace mirar hacia adelante. Intento mantener vivo al iluso que llevo dentro. Me he alejado de las catástrofes y la probredumbre proyectada por los medios, me alimento de lo mejor que encuentro a mi alrededor.  Disfruto contemplando lo hecho. Admiro a los amigos que se buscan la vida día a día en sus negocios y trabajos temporales. Me gustan aquéllos que gestionan lo cotidiano con ganas e ilusión, también aquéllos que miran a sus hijos con amor. Adoro las personas discretas y humildes.

¿Qué me ha aportado esta experiencia de cuatro años? No lo sé, no he crecido como persona, la pareja no ha salido fortalecida, tal vez sólo haya envejecido. Podría decir que necesitaba hacerlo, pero tampoco estoy seguro, hay otras cosas que me han ilusionado que costaban mucho menos esfuerzo y no las he hecho. Creo que me he convencido de que para mí es bueno hacer cosas, no parar, he llegado a pensar que para sentirme vivo necesito materializar mis ilusiones en proyectos.

Muchas veces he dudado de mis pensamientos, de esas convicciones que uso para justificarme en una conversación. Tengo la sensación de que intento simplificar mi vida, mejorar mi relación con el entorno para disfrutar más de él, liberarme de las rutinas que no me aportan nada, … Creo que sigo buscando, intento escapar de la incertidumbre, aunque en muchas ocasiones me veo perdido en una agenda cargada de obligaciones y compromisos que me despistan y agobian.