La sotonera

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navegarUna de mis aficiones frustradas ha sido la vela, le dediqué mucha ilusión y muchos esfuerzos, al final tuve que abandonarla, era muy difícil contar con un compañero, mi pareja se cansó de hacer de proel y no encontré relevo, además otras actividades irrumpieron con fuerza en mi vida.

No recuerdo como accedí a este mundo, he olvidado por qué añoraba tanto la vela, pero sí recuerdo el tiempo que le dediqué a buscar barcos de segunda mano en internet. Compraba barcos viejos, en realidad fueron sólo dos, y los restauraba, después de unos días de bricolage marino quedaban espléndidos.

El primer barco lo compramos en Las Landas, en un pueblecito de casas diseminadas del que ahora no recuerdo su nombre. Era un Tabur de Bic, de 3,60 de eslora, un barco pequeñito y ligero, perfecto para moverlo una persona y gobernarlo un navegante. Lo transportamos hasta Pinseque en la baca del coche. Fuimos unos temerarios, a partir de Jaca el viento arreció y tuvimos que reducir mucho la velocidad del coche. Fue un viaje intranquilo, con muchas paradas para comprobar que la carga no se había movido. Con este barco empecé a navegar en la Sotonera

A los pocos días compramos un remolque de segunda mano, también por internet, tenía capacidad para transportar barcos de hasta 4,70 metros y una tara de 400 kilos. Fuimos a recogerlo a Ciudad Real, a pesar de que sólo vimos la ciudad de paso, nos gustó. En mi memoria han quedado esas circunvalaciones gigantescas y sin vida que rodean Madrid.

No tardamos mucho en ir a Premiá de Mar a buscar un Vaurien, esta vez en condiciones, con remolque. A este barco hubo que dedicarle más tiempo que al Tabur, estaba más estropeado, llevaba mucho tiempo en el dique seco, sus propietarios ya no sabían qué hacer con él. Pili estaba asustada, le había comentado mi gusto por restaurar barcos, incluso le llegué a comentar la posibilidad de dedicarme a esto, a comprar barcos viejos, restaurarlos y venderlos. Todo quedó en un susto, con el arreglo del Vaurien sacié mi ansia de restaurador.

De vez en cuando subía a La Sotonera, casi siempre me acompañaba Pili, montaba el aparejo del barco y a disfrutar. Uno de esos días, como había hecho otras veces, me situé en la orilla y subí al barco iniciando una singladura sin rumbo. Enseguida me di cuenta que algo no andaba bien, no conseguía sujetar bien la caña al timón y el viento había arreciado, pequeñas olas nerviosas y espumosas se habían adueñado de la superficie del pantano. Este viento me llevó rápidamente hacia adentro, me había alejado mucho de la orilla cuando me quedé con la caña en la mano, se había salido de nuevo. Dejé el aparejo y me arrodillé de espaldas a la proa con la intención de sujetarla bien de una vez. Lo siguiente fue verme debajo del agua, una racha de viento había volcado la embarcación.

No pude adrizarlo, cada vez que lo intentaba la fuerza del viento lo volvía a volcar, tenía que haberlo aproado para que esto no ocurriera pero estaba tan asustado que mis pensamientos dejaron de fluir. Después de varios intentos desistí, me puse a horcajadas en la panza del barco y decidí esperar. De vez en cuando gritaba y hacía aspavientos con los brazos para ver si me localizaban desde la orilla de la Escuela de Vela. Después de una hora me vieron,  Pipo, que me había dado clases de vela, venía al rescate con una motora. Estaba salvado: el frío, el miedo y el agotamiento se disiparon. Intentamos adrizar el barco varias veces sin éxito. Lo atamos y lo remolcamos hasta la orilla, con pié tocando fondo por fin lo conseguimos.

Pasé mucho miedo, el pánico se hizo presente en algunos momentos, tuve una visión fugaz que aún no he podido olvidar: vi como sacaban del pantano un cuerpo de una palidez azulada chorreando agua, no me reconocí en la imagen, pero la tomé como premonitoria. El tiempo que estuve en la panza del barco hasta que vi la silueta de la motora fue angustioso.

Al cabo de unos meses la Guardia Civil recuperó de La Sotonera el cuerpo sin vida de una persona que había volcado con una barca hinchable el día anterior. Hacía 30 años que no ocurría un accidente con resultado de muerte. Este hecho me conmocionó, no pude evitar pensar que el ahogado podría haber sido yo, no pude eludir la visión que me abordó aquel desafortunado día.

Te invito a realizar esta visita.
barco_vela