Sierra de Lokiz. La peña Rajada
Al final de la mañana, decidimos dar un paseo. David se queda aquejado de un trompazo que se ha dado en el frontón de Ganuza, jugando con las raquetas. Para situarnos, nos dirigimos por el barranco de Zologorri, hacía la Sierra de Lokiz y la Peña Rajada, a 15 minutos del pueblo.

Tomamos la dirección de los robles de San Pablo, uno de los lugares más visitados de los alrededores de mi pueblo, pero en vez de hacerlo por la ruta normal elegimos la vertiente izquierda del «regacho», una senda mucho más frondosa y menos frecuentada. Al final de la senda cruzamos el cauce con cierta dificultad y nos situamos en San Pablo.
Decidimos subir hacia arriba. Llegamos sin dificultad a la peña rajada. Vamos buscando posiciones para tener buenas vistas y, en mi caso, hacer alguna fotografía. La Sierra de Lokiz, Peña Rajada, es un hito en el camino que nos lleva a la cueva de San Prudencio y a la ermita de Santiago.

Se trata de un gran bloque de roca que se desprendió de las «Peñas» y fue a dar al fondo del valle. El bloque se partió en dos dando lugar a dos bloques separados por una estrecha garganta que la cultura popular atribuye a un tajo de la espada de Santiago Apostol(1).
(1) Historia «Hace muchos siglos estaba Santiago con sus huestes a caballo rodeado de «Moros» y a punto de ser vencido, cuando sacó su espada y de un sólo golpe partió la Piedra en dos, dejando un paso de caballo por el que Santiago y los suyos pudieron huir y posteriormente vencer a sus enemigos.»

Oteamos el horizonte con satisfacción, nos sentimos bien sobre esta roca que tiene su propia leyenda. Es el último descanso de la serpenteante y exigente senda que nos llevará a la sierra subiendo por el Puerto Nuevo. Pero es tarde y hay que bajar para comer.
En la bajada nos detenemos de nuevo en San Pablo, hacemos un recuento de los robles centenarios que han sobrevivido a los rayos y al paso del tiempo y comentamos la muerte de uno de ellos. Es desolador ver un árbol muerto con cientos de años en su tronco.
Seguimos bajando, esta vez por la senda normal. Llegamos a casa, a mesa puesta. Una ensalada, alubias y pollo guisado es el menú que ha preparado la amatxo, lo acompañamos con Valdelares, un vino tinto crianza de Carcar. Una trenza de Almudévar traída de Zaragoza puso fin a la soleada mañana.

