Los dilemas del amor

larrion
En primer plano Larrión, valle de Allin.

Era un personaje curioso, estuvo mucho tiempo en la cuadrilla aunque aparecía y desaparecía con frecuencia. Era un enamoradizo empedernido, estaba enamorado del amor, eso le daba un aire de embelesamiento etéreo que me sedujo, aunque con el tiempo llegó a exasperarme con su actitud.

Muchas veces pensé que carecía de algún filtro social, tenía la necesidad de expresar sus sentimientos en público y de sopetón, sorprendía de manera poco grata y muy incómoda a sus amigas, «me he enamorado de ti». Daba igual que tuviera pareja o no, que fuera hetero o lesbiana, lo tenía que decir. A pesar de ello no solía violentarlas, su aspecto era inofensivo y sus gestos muy suaves, aprendieron a rechazarlo amablemente.

En contra de lo que pudiera parecer, la pareja no era el paradigma de su relación, la veía vulgar y muy aburrida. Las declaraciones amorosas nunca fueron una propuesta para ligar, tal vez por eso no recibía rechazos contundentes, se limitaba a expresar un sentimiento intenso hacia una persona.

Además pensaba que el amor no era unívoco, era frecuente que estuviera enamorado de más de una mujer, tal vez ésta fuera una de las razones por las que sus relaciones duraban tan poco. En alguna ocasión confesó a su efímera pareja que estaba enamorado de otra, en estas circunstancias no tenía problemas en proponer compartir su amor con las dos.

Lo peor que le podía ocurrir es que la declaración amorosa tuviera éxito y acabara en una cita. Esa relación nunca duraba más de tres meses, el agobio terminaba por exasperar a su enamorada o, por el contrario, descubría la vulgaridad en la persona de la que se había enamorado.

Cuando esto ocurría se producía una crisis seria, sabía muy bien cómo encajar que lo dejaran, pero nunca aprendió a cortar una relación. Sin pretenderlo, con una sinceridad ingenua y brutal, recitaba sin acritud todo lo que no le gustaba y su compañera acababa humillada entre sollozos.

Por su forma de ser estaba condenado a tener muchas y breves relaciones, esto lo convirtió en un amante experimentado, sus ex novias le daban una valoración alta en la cama hasta el punto de despertar celos en sus amigos, no entendían cómo alguien tan peculiar pudiera ser bueno en el sexo.

A pesar de estar acostumbrado, los fracasos en sus relaciones fueron mellando paulatinamente sus sentimientos, aquel invierno fue especialmente gris, ya no pudo soportar tanta ruptura y desdén, una herida de soledad laceró su alma dejando una tristeza profunda.

Quedamos en el bar de siempre, un viento raso barría las calles de la ciudad, había cambiado, la frescura de la desfachatez había desaparecido eclipsada por una sombra oscura de melancolía. Nos confesó que estaba decepcionado con el amor, había dejado de ser el motor de su vida dejando un vacío de amargura. No lo volvimos a ver.

 

Unos años más tarde, cuando ya estaba funcionando la casa rural, nos acercamos a la venta de Larrión a tomar un vino, me sorprendí al reconocerlo, estaba en la barra del bar. Después de saludarnos entablamos una breve conversación, tenía prisa.

Me comentó que se vio obligado a cambiar drásticamente, pidió permiso para teletrabajar y se vino a vivir a Larrión, necesitaba romper con su vida anterior.  Tuvo que echar mano de un psicólogo para controlar esa sinceridad enfermiza e hiriente, aunque tal vez lo que más le costó fue sacar de nuevo a la luz esos sentimientos que habían acabado enterrados por la amargura.

Fue una pena, tuvo que dejarnos, tenía que oficiar misa en un funeral del pueblo de al lado, nos citamos para un próximo encuentro. Cuando estaba saliendo le pregunté cómo había podido dar un cambio tan radical. “No es extraño, todos buscamos el amor, tal vez nos cueste tanto encontrarlo porque siempre buscamos en la misma dirección.”