Siguiendo la estela de Javier Nasarre

He declarado el final de la pandemia, he decidido abandonar el distanciamiento social e incorporar de nuevo los abrazos a mi vida. La mascarilla, fetiche de este tiempo, seguirá estando presente como una advertencia, como un recordatorio de que esto todavía no ha acabado.

El miércoles día 6 de octubre asistimos a la presentación de un nuevo libro de Javier Nasarre, una buena excusa para reunirnos y celebrar la tan necesaria cercanía, los ansiados apretones de manos y abrazos, y el nacimiento de una nueva, sugerente y complicada criatura, Retazos entresacados del sueño de los ciegos, un conjunto de textos que, según el autor, indagan sobre el ser, la conciencia, la moral y la carencia de respuestas.

Le prometí a Nasarre que iba a leer con mucho interés el libro, estoy buscando inspiración y pensé que sus reflexiones me podrían ayudar. Un día me gustaría quedar con él para hablar de los pensamientos que se esconden detrás de sus poemas, unas veces están claros, otras no tanto.

Al final del texto intentaré hacer un acercamiento al libro, mientras, voy a procurar esbozar muy brevemente cómo vi el encuentro. En el acto nos congregamos, además de familiares y amigos del autor, antiguos alumnos de la Universidad Laboral de Gijón y sus esposas.

La presentación se celebró en el Salón de Actos del I.E.S. Miguel Catalán, en la entrada pude estrechar la mano del autor y  a continuación me dirigí a un rincón apartado para saludar a dos compañeros entrañables, un alavés y un vallisoletano afincado hace muchos años en Pamplona.

A pesar de que no me gusta acudir a estos eventos, esta vez ha sido fácil, aquellos extraños de antaño se han convertido en personas cercanas a las que deseo encontrar para que me cuenten cómo les va la vida. Es gratificante comprobar cómo se ha generado una rara complicidad a pesar de la distancia y del escaso contacto que he tenido con ellos.

Después de los saludos y de manifestar nuestra alegría por el encuentro, nos acercamos con un tono más apagado a los fallecidos. Es un pequeño homenaje que hacemos a los ausentes, a aquéllos que nos habría gustado encontrar en la presentación del libro de Nasarre pero que no han tenido la oportunidad de estar con nosotros. Yo creo que a los finados les hubiera gustado el libro, habrían entendido perfectamente que la muerte no es oscura, que forma parte de la vida.

Pude ver a uno de los compañeros al que deseaba abrazar hacía tiempo y que por fortuna pudo acudir. Su sufrimiento me dejó atónito y desamparado. Hablamos de la vida y la muerte, de la trascendencia y significado del recuerdo, de la pérdida y la ausencia, también del amor. A pesar de las circunstancias lo encontré muy bien, con fuerza y ánimos, con ganas de disfrutar de sus compañeros. 

Una buena parte vinieron con sus esposas, algunas de ellas ya las conocía, otras me las presentaron. Me gustó y agradecí como me trataron, con cariño y cercanía, como si ya formara parte del grupo. Recuerdo la primera vez que los vi, todos hombres, como si perteneciéramos a un club de cazadores o picapedreros, a una estirpe de solteros con canas. Gracias a Dios, por las fotografías que me enviaban de sus encuentros, pude ver como el género femenino estaba muy presente en esos viajes.

A pesar de mi inclinación huraña, he desarrollado una gran curiosidad por los individuos, como en los poemas de Nasarre, también busco inspiración en las personas, atisbos de su vida que me estimulen, que me indiquen cuál es el camino. En unas reuniones tan breves siempre quedan muchas cosas que no se dicen, los encuentros son cortos y las personas con las que dialogas son muchas, al final las conversaciones son necesariamente livianas y circunstanciales, siempre te quedas con las ganas de más, es un poco frustrante.

Me despedí de ellos a las 22 h., los dejé acompañados de bocadillos, vino y cerveza. Me fui contento y triste a la vez, emocionalmente exaltado y con la certeza de que estos encuentros son cada día más valiosos y excepcionales.

Paso a los poemas. Como soy lego en la materia me vais a permitir que haga una valoración absolutamente personal del libro.

El inicio de la lectura no fue bueno, me force en buscar una interpretación coherente. Elegí dos poemas muy breves y después de varias lecturas intenté encontrar el mensaje del autor. No conseguí entenderlo del todo, me quedé frustrado, casi enfadado. 

Por la tarde, con más tranquilidad me acerqué al libro de otra manera, dejándome llevar por el texto, sin forzar conclusiones. Todo fue más fácil, la lectura se hizo más amable, más placentera y más clarividente, aunque a veces no consiguiera interpretar el texto, parte de su contenido se colaba en mi cerebro de manera subrepticia. No era necesario entender todas las razones del autor para intuir el sentido del poema. 

El libro se lee bien, aunque leas y vuelvas a releer aquello que no entiendes, las hojas pasan rápidamente. Tomé algunas notas, es el único medio que tengo para que el libro no se evapore velozmente de mi memoria. Ha habido algunos poemas que no he sabido interpretar y tengo que confesar que he tenido que acudir al diccionario varias veces en busca de significado.

La visión del autor es desoladora, construye una radiografía amarga de la cultura urbana. La ciudad como metáfora es el marco para contemplar una buena parte de las miserias que socavan la sociedad: la apariencia, la charlatanería, la violencia.  El individuo como sujeto de unos interrogantes que lo dejan desprotegido, herido de desesperanza: la muerte, la fe, el sentido de la vida, el azar, la libertad (intemperie). 

En la presentación se generó un breve y provocado debate sobre la fe [poema 46], quiero añadir, aunque sea presuntuoso, un breve comentario a la discusión. «Soy agnóstico pero tengo fe en la vida, en ese día a día que va saliendo adelante como puede, unas veces mejor y otras peor. Es una fe muy básica y primaria, de supervivencia, que me permite llegar al final de la jornada cansado y con ganas de meterme en la cama.» 

Os invito a leer el libro de Javier Nasarre, es una ventana abierta a la reflexión más cercana al individuo, sus poemas queman en la piel, te invitan a definirte para no caer en la desesperanza, a sentir que estás vivo, o muerto, a renunciar a la mierda* que tragamos todos los días.

Muchas gracias Javier.

* «babas que todo lo contaminan y todo lo salpican con apacible indiferencia». [Poema 37]

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