Aproximación a un artista

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A través de un mensaje de wasap me llegó la noticia de la publicación del libro, el mensaje incluía las fotografías de las tapas y el resumen del contenido. Fue una sorpresa, siempre lo había visto experimentar en torno a las artes plásticas, la cerámica, la pintura, la escultura en terracota y bronce, pero pensaba que lo suyo no era la escritura aunque sí sabía de su pensamiento inquieto e ilustrado.

Una de las tapas explicaba muy bien el contenido del mismo, parecía un libro recomendado para todos aquellos que entienden la existencia como un devenir en el que el individuo siempre está enredado o perdido en búsquedas que no necesariamente llegan a una meta. Si además de ser un lector normal, eres un espectador atento, un “voyeur” incisivo del universo plástico, vas a disfrutar.

Tuve la suerte de encontrarme con él en los bares del centro, no somos colegas pero compartimos amigos. Se acercó con una sonrisa muy comedida que apenas esbozaba la alegría de vernos, después de las salutaciones pertinentes y las felicitaciones por la reciente edición, sacó de una bolsa de farmacia el libro, tenía un diseño de portada sencillo pero muy vistoso, aún tenía el olor a tinta de las libros recién nacidos.

Venía a enseñarlo, aún no habían empezado el proceso de distribución. Después del editor y el impresor, nosotros íbamos a ser los afortunados que iban a disfrutar de la materialidad del libro. Nuestra opinión poco podía valer si no lo habíamos leído, pero sí podíamos valorar el diseño de la cubierta y el resumen que aparecía en una de las tapas. Nuestro escritor quedó satisfecho, a todos nos gustó mucho.

Durante una larga caña pude compartir una conversación muy entretenida en la que se habló de la intensidad de la creación, de la disciplina, del trabajo, de la experimentación, también de la familia. Había algo que me resultaba extraño, hablaba de todo ello con excesiva normalidad, sin pasión. Se lo comenté. Me contestó con cierto cansancio, — La creatividad es un proceso largo que requiere método y disciplina, la pasión o la necesidad pueden ayudar pero no son imprescindibles.

A pesar de mostrar atención a las conversaciones siempre lo he visto ajeno a ellas, ensimismado en su mundo de retos creativos, de búsquedas imposibles, de proyectos nuevos para exposiciones venideras. Nunca hemos sido interlocutores válidos para él, se alimenta de otras inquietudes, de un mundo alejado del ruido y centrado en cuestiones más universales donde los sentimientos y las emociones pueden materializarse en objetos.

Cuando lo veo, siempre me vienen a la mente algunos encuentros memorables del pasado. Recuerdo que una vez le pregunté desde cuándo se consideraba un artista. — Desde que mis compradores y patrocinadores decidieron cambiarme de categoría, en un breve período de tiempo pasé de ser un artesano que se ganaba muy bien la vida a ser un artista con proyección.

Tal vez esa época fue la más intensa de su vida, tenía proyectos y reconocimiento. El glamour de la burguesía le acompañó durante unos años, le invitaban a fiestas y exposiciones, conoció a muchos famosos, se elevó por encima de nosotros para compartir el espacio de las musas y los mecenas, se dejó seducir por los cantos de sirena pero nunca perdió de vista la realidad que le había acompañado, siempre fue muy pragmático, había que crear y vender, había que mantener una familia.

Fue en esta época cuando Antón intentó representar un personaje que le ayudara a transitar por el complicado mundo de la adulación y le diera una estética acorde con su nueva condición de artista. No lo consiguió, no encontró el papel adecuado o no supo interpretarlo. Probó atuendos, peinados, gestos, sonrisas, nuevas costumbres, … pero nunca fue otra cosa que él mismo. La sofisticación, el glamour o la bohemia quedaron enterrados por las rarezas y la peculiaridad de su personalidad.

 

La lectura del libro me ayudó a interpretar de otra manera algunas de las actitudes y opiniones del autor, ahora lo entiendo mucho mejor. Con un estilo sobrio, de periodista de sucesos, va dando un repaso a su vida de manera cronológica. Como se expresa en la contraportada, se hace acompañar por un amigo, que a veces juega el papel de alter ego, con el que interactúa con diálogos esclarecedores que dan lugar a descripciones brillantes que nos ayudan a comprender la compleja realidad del artista.

El Antón que yo conozco, el de las conversaciones, siempre intenta utilizar una retórica elegante para expresar cualquier cuestión por sórdida que sea, huye de la grosería. Con la escritura se muestra mucho menos refinado y más directo, a veces hace gala de una vulgaridad que, pensamos, le ayuda a economizar palabras y mantener la sobriedad de su estilo. Sospecho que también pretende revelarse contra ese personaje raro y educado que ha interpretado a lo largo de su vida.

Sorprende la inquietante trastienda de su personalidad artística, la relación angustiosa entre el artista y la creación, los abismos que hay que sortear en busca de la inspiración, el miedo a perder el sentido de la realidad y superar sin pretenderlo la barrera de la enajenación, el vértigo que provoca el reconocimiento y el éxito, el esfuerzo por asumir una “normalidad peculiar” como tabla de salvación, …

El argumento se desliza amenamente por un mundo de decadencia y reflexión, el personaje se ve arrastrado por distintos escenarios para llegar a un punto crítico que puede suponer la aniquilación intelectual y física del protagonista. Pero Antón no cree en el determinismo, unas circunstancias sorprendentes y un voluntarismo del que siempre ha hecho gala el artista, acaban por conformar, al final del libro, un mundo de redención casi mágico. Solo por conocer este final ya merece la pena leerlo.

Este libro no sólo nos muestra las peripecias existenciales y artísticas del protagonista, también nos da un montón de claves para interpretar nuestra vida, es casi una manual de existencia. Sólo tengo palabras de elogio para el autor por el esfuerzo que ha realizado para trasladarnos con sencillez la complejidad de su universo.

Muchas gracias Antón

Enlaces de interés: Jesús Sanz Caballero. Esculturas