El fin del mundo

fin del mundo

Este hermoso y romántico rincón de Ganuza se lo debemos a Esparza.

No fue ninguna sorpresa, era algo ya esperado, no sabíamos exactamente cuándo iba a pasar pero ya se barruntaba que tendría que ser antes de 2022. Ese día nos reunió la alcaldesa en el concejo para comunicarnos que el fin del mundo de Ganuza tenía fecha, el 31 de mayo de 2021. Nos comentó que dicha fecha podría postergarse unos meses si todos los vecinos nos poníamos de acuerdo, pero solo hasta el 23 de diciembre de ese año. 

Después de un breve debate todos estuvieron de acuerdo en aceptar la fecha que nos había comunicado. Nos felicitó por un consenso tan rápido y nos convocó a una reunión para dentro de una semana, con el encargo expreso de que planteáramos qué íbamos a hacer en ese período de tiempo. Dio por cerrada la sesión.

A lo largo de la semana el pueblo estuvo más activo y parlanchín de lo normal, la llegada del panadero se convirtió en la excusa para realizar pequeñas asambleas y debatir propuestas. Algunas eran viejas reivindicaciones de siempre, como mantener las cunetas libres de hierbas para que no se deterioran los caminos. Mi tía manifestó que la cuesta de Andueza se había vuelto muy empinada y tenía dificultades para acceder a su casa. Varios cuidadores señalaron que deberíamos estar más pendientes de nuestros ancianos y visitarlos con más asiduidad. El de la casa rural añadió que sería conveniente balizar las rutas a la sierra.

Llegó el día de la reunión anunciada, la presidenta invitó a cada uno de los vecinos a que expresaran aquello que querían hacer hasta la fecha señalada. Las intervenciones fueron muy breves y explícitas, todos querían hacer lo que habían hecho hasta ahora, nadie quería cambiar su día a día, cada uno a lo suyo.

Una vez manifestado el deseo general del pueblo, la alcaldesa solicitó la intervención de los vecinos para resolver algunos de los problemas que le habían planteado a lo largo de la semana. Con buen criterio se resolvió hormigonar el camino que va de Ganuza a Arteaga que estaba muy deteriorado, se aprobó hacer un pasamanos en la cuesta de Andueza para que los mayores pudieran acceder sin dificultad, se solicitó que todos visitasen a aquellos mayores que se sentían demasiado cansados para salir de casa y se pidió, esto fue cosecha de la propia alcaldesa, que todos sin excepción sonrieran cada vez que se cruzaran con uno de sus convecinos.

Uno de los participantes manifestó que le daba pena que todo se acabara, no se quería perder el crecimiento de su hijo. ¡Los niños! Nadie se había acordado de los niños. Después de varios turnos de palabra, se decidió que los vecinos con menos de 46 años que lo desearan, podrían abandonar el pueblo una semana antes de la fecha señalada.

Cuando ya estaba finalizando la sesión, un residente expuso que unos huéspedes de la casa rural habían manifestado su deseo de participar en los eventos y la despedida del pueblo, querían compartir el fin del mundo con los vecinos. No sabíamos cómo responder a una petición tan extraña, la alcaldesa con el buen criterio de algunos vecinos sentenció. — Si los nuestros tienen la posibilidad de escapar con sus hijos al destino que tiene preparado el pueblo, no podemos rechazar a los que desean estar a nuestro lado en momentos tan especiales.

La vida del vecindario apenas se vio afectada, aunque sí se notó más actividad en el pueblo. De vez en cuando se veía a alguien barrer la calle con más esmero de lo normal o pasear a los niños mostrándoles los distintos rincones del pueblo. Llamaba la atención la actividad desarrollada en el frontón, los pelotaris del pueblo empezaron a entrenarse para formar un equipo, querían montar un torneo con el fin de celebrar el fin del mundo de Ganuza.

En uno de esos partidos de pelota, uno de los espectadores manifestó el deseo de darse un festín. En un instante pelotaris y espectadores se pusieron de acuerdo y pidieron a la alcaldesa que añadiera a la agenda una comida. 

Los más ilusionados eran los más ancianos, aquellos que ya no salían de casa. Habían notado ese aire laborioso que precede a lo festivo, se sentían como niños que iban a participar juntos en un viaje maravilloso. Nunca se sintieron tan acompañados y alegres.

Siguieron días de calma acompañados de un contento comedido. Dos semanas antes del 31 de mayo, la alcaldesa convocó una reunión urgente, todos pensaron que se trataría de los últimos detalles para la celebración de los eventos. En la entrada del concejo se notaba cierto nerviosismo. La alcaldesa pidió calma. — Siento comunicaros que el fin del mundo se suspende indefinidamente. Esto es lo que nos han comunicado, no sabemos nada más

El estupor se dibujó en el rostro de los convocados, un aire de decepción recorrió la sala del concejo acompañado de alguna expresión gruesa. Al cabo de varios minutos las protestas se apagaron y se hizo un silencio de frustración. Un vecino que estaba al fondo de la sala se levantó. — Os propongo que a pesar de la suspensión sigamos con nuestras actividades, hemos conseguido tener un pueblo más agradable y amable, y nuestros ancianos están más contentos e ilusionados que nunca. Sigamos como si el fin del mundo fuera cada 31 de mayo.

La crispación de los rostros se relajó dando paso a una sonrisa de esperanza, un rumor de aceptación recorrió la sala para finalizar en una explosión de aplausos. Un hombre sonreía incrédulo ante el abrazo de sus vecinos. Ese día, la estrella de Ganuza brilló con más luz en el firmamento.