La sombra de la sospecha

Sierra de Lokiz. Cueva de San Prudencio

Sierra de Lokiz. Cueva de San Prudencio

En la televisión un sujeto comentaba: después de tres años y 30.000 kilómetros tengo el privilegio de saber cuál es mi camino. Había dado la vuelta al mundo andando. Yo tuve que teñirme de canas y sufrir un accidente serio de salud para saber cuál era mi camino.

Me jubilé anticipadamente, dejé un trabajo que me había acorralado en la frustración y el aburrimiento y me volqué en algo más grato para mí: el bricolage y la construcción. Me centraría en la rehabilitación de la primera planta de la casa rural.

Plantearme esta alternativa fue algo natural, lo había pensado muchas veces, pero no quería aislarme solo en Ganuza, quería algo más, una experiencia compartida con alguien que estuviera dispuesto a dedicar horas y talento a la casa a pesar del riesgo que conllevaba este tipo de experiencias. 

Le presenté el proyecto a un amigo, ya había estado trabajando con él en alguna ocasión. Le comenté a grandes rasgos lo que teníamos que hacer. A cambio le propondría pagarle muy poco, alojamiento y comida, trabajar un máximo de seis horas al día y cuatro días a la semana, y lo más importante, hacerlo partícipe en el proyecto de explotación del mini hotel que pensábamos abrir en Ganuza.

No se entusiasmó, pero le gustó lo suficiente para decir que sí, no tenía otra cosa que hacer. Para animarlo a tomar la decisión le planteé que podríamos volver a Zaragoza los jueves al mediodía, así tendría tiempo suficiente para disfrutar de la ciudad, la vuelta a Ganuza la haríamos el lunes por la mañana.

El trabajo lo iniciamos en enero con ganas y buenos augurios. Los días fueron pasando, la rehabilitación iba bastante deprisa, en dos meses las obras habían avanzado tanto que empezamos a diseñar los servicios y la gestión de los mismos.

El estado de Alarma nos sorprendió a todos, decidimos de momento dar por finalizadas las obras y refugiarnos en nuestras casas. A pesar de la tragedia de contagios y muerte no estuvimos mal, nos vino bien descansar y perfilar detalles que siempre quedaban pendientes por falta de tiempo.

La vuelta al trabajo fue extraña, hubo que hacer acopio de ilusión e interés para seguir motivados, en los peores momentos pensamos que la rehabilitación que estábamos llevando a cabo no tenía sentido.

El mes de mayo pedimos permiso a mi madre para alojarnos en su casa, las autoridades sanitarias ya permitían alquilar la casa rural, era importante seguir obteniendo ingresos para continuar con la rehabilitación.

El mes de junio fue muy lluvioso, aquel martes salió especialmente nublado, una fina lluvia empapaba el ambiente haciendo necesario los paraguas. Tres vehículos del Grupo de Rescate de la Guardia Civil cruzaron rápidamente el pueblo para dirigirse a San Pablo y desplegarse por los aledaños de las peñas de Lokiz.

El pueblo se puso en alerta, un ambiente inquietante de expectación se apoderó del aire, no era la primera vez que ocurría, hacía unos años un suceso luctuoso había conmocionado al pueblo.

El día anterior por la noche el alcalde había dado la alarma, desde el domingo un vehículo permanecía aparcado a la entrada de la población, se sospechaba que era el propietario de un excursionista que había ido a la cueva de San Prudencio y no había regresado. 

El rescate tuvo pendiente a todos los vecinos. A las doce de la mañana escampó, desde la plaza se podía observar cómo los componentes del rescate habían iniciado el descenso, a la una del mediodía los tres vehículos de la Guardia Civil volvían a cruzar el pueblo velozmente con dirección a Estella.

Nadie sabía nada con certeza, la especulación se adueñó de las conversaciones, aquel martes no dejamos de preguntarnos qué había ocurrido. A la mañana siguiente otro vehículo de la guardia civil interrumpió la tranquilidad del pueblo, esta vez se dirigió directamente a la vivienda del alcalde. Después una breve conversación le entregaron un documento y se despidieron. 

Al día siguiente todos pudimos leer el bando del alcalde. «El jueves Dios mediante, todos los vecinos quedan convocados a las 10 de la mañana en el concejo a instancias de la sección Judicial de la Guardia Civil de Estella encargada de llevar la investigación. Los mayores de 80 años quedan exentos de acudir a esta citación».

Un halo de inquietud y misterio volvió a ensombrecer el ánimo de los vecinos. Como en otros tiempos habría que volver a perder el miedo y recuperar el sosiego perdido. A las doce de la mañana del viernes fuimos interrogados por la guardia civil en la sala del concejo, al día siguiente salíamos para Zaragoza, el proyecto quedaba definitivamente aparcado.