Miguel Angel

Fotografía cedida por Pascual Pérez

Lo hemos perdido sorpresivamente, somos incapaces de encajar ni justificar una muerte tan inesperada. Me ha pillado muy alejado del tiempo que compartimos, muy distante de la última vez que nos vimos en el campus hablando de sus chicas y la casa rural. Me queda la imágen de su sonrisa y los gestos de complicidad.

Esa sonrisa era una de sus señas de identidad, la tenía dibujada por defecto, aunque yo creo que formaba parte de un personaje que interpretaba muy bien. El siempre fue un seductor, esa sonrisa y la predisposición a escuchar lo convertían en una persona muy atractiva.

Nos gustaba su forma de querer, era fácil, su cariño era manifiesto, no había que interpretar sus gestos para saber que se alegraba un montón de verte. También había un Miguel Angel oculto que apenas trascendía, era un persona cerrada, casi hermética que apenas dejaba manifestar un halo de melancolía.

Creo que no le gustaba decidir, necesitaba que alguien le organizara la vida, tal vez por eso el devenir lo vapuleó en más de una ocasión, tal vez por eso se complementó tan bien con Mónica, el amor de su vida, la persona que supo rodearlo de una estabilidad y unos objetivos que le dieron la clave de su existencia, su hija Marina.

Era como un crío reservado, tenía curiosidad por casi todo y se concentraba con mucha facilidad. Lo veo en A Coruña enredando junto al mar, en cuclillas, observando el movimiento de algún crustáceo. Cuando nos dimos cuenta de su ausencia, nos asustamos y lo sacamos de su ensimismamiento a gritos. 

Lo recuerdo junto a Oscar Cantín, José Luis Marín y el «Fontanero», todos ellos amigos entrañables que lo escoltaron y tutelaron a la sombra del campus de la Plaza de San Francisco.

No compartí con él los primeros momentos del ccuz, probablemente fuera uno de los períodos más bonitos de su vida. Todo estaba por escribir, el servicio era un proyecto que se estaba gestando, la informática seguía teniendo un aura iniciática que la hacía muy atractiva, había una voluntad inequívoca de construir universidad y de reescribir una parte de la sociedad, … En la fotografía se puede ver a un Miguel Angel exultante y con barbas.

Lamento no haber vivido con él más experiencias, me hubiera gustado conocerlo más, disfrutar de su compañía alrededor de una caña y conversar largamente. A pesar de ser una persona cercana, compartí muy poco su vida.

Para vosotras, sus chicas, nuestra solidaridad y cariño, y el deseo de compartir su recuerdo. Lo sentimos mucho. Un abrazo.