La muga de Aramendía

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Es sábado por la tarde, después de haber recorrido la sierra de Lokiz por la mañana, decidimos dar un paseo hasta la muga de Aramendía. Es una senda por la que antes circulaban carros tirados por bueyes y ovejas, ahora transitamos los andarines y los jinetes con sus caballos.

Nos dirijimos a los Nogales, después de una breve subida ya podemos contemplar Ganuza inmerso en un valle salpicado de pequeños pueblos, y acotado por los montes de Monjardín y Montejurra, en el centro de la panorámica, una edificación moderna llama nuestra atención, el Museo de la Trufa.

Seguimos andando y damos con uno de los parajes más bellos del recorrido, un camino estrecho alfombrado de hojas, limitado por el verde intenso del boj, y protegido por un paraguas de robles jóvenes. Sentimos cierto recogimiento mientras continuamos con el paseo.

En una pequeña explanada la vista nos sorprende con el valle de Allín, rodeado por un cinturón de pequeños montes que dibujan una panorámica de suaves colinas. Desde este claro nos hemos sentido dueños de todo aquello que abarcaba la vista, nos hemos apropiado del paisaje.

Por fin tocamos la muga, una alambrada nos indica con cierta grosería que al otro lado está Aramendía. Apenas si paramos, rápidamente iniciamos el leve descenso que nos llevará de nuevo a Ganuza, donde nos espera una cerveza fría y la sensación de haber transitado por una  senda de fantasía.